miércoles, 24 de julio de 2013

El cómo salir de la neurosis y el pensamiento positivo

¿Cómo salir de la neurosis? Esa quizás sea una de las cuestiones que más me interesan. He visto a mucha gente perderse temporal o definitivamente (quizás más esta última), incluido yo mismo, y me intriga sobremanera la dinámica en que ello se produce. Muchas veces me ha parecido entender que sencillamente nos perdemos por tener algunas ideas equivocadas. Por ejemplo, la idea de que sufrir es algo indigno, una idea que creo muy extendida. Desde hace unos años viene estando muy presente esto del pensamiento positivo, una filsofía cutre hasta el extremo que nos dice cosas como "si estás pasándolo mal actúa como si estuvieses bien" o "lo que te pasa es que no piensas en positivo"¡Sufrir está mal visto! Pienso en ello y me parece una forma de evasión de los propios sentimientos, un querer desplazarlos, inutilmente, al pensamiento. También una forma de conformismo y control; nada mejor que frustrar los sentimientos de alguien para tenerlo controlado. Si alguien se queja, se le dice que no piensa positivamente y, ale, ya está.

 Hasta donde yo he observado, pero tampoco me he puesto a investigar, me parece que esta filosofía nace en el mundo empresarial corporativo en la década de los ochenta. Desde esos años los conglomerados empresariales han ido creciendo exponencialmente y se han creado enormes corporaciones que han desarrolado su propia filosofía. Uno ya no va solo a trabajar y después se va casa, ahora tiene que tragar con toda una serie de ideas, ¡y qué ideas! Ya no solo te dicen que tienes qué hacer sino también qué pensar. Entre esas ideas está la del que el trabajo tiene que gustarte; ya quedó atrás la concepción de ser algo desagrable que uno tiene que hacer para ganarse la vida. En realidad pienso que basta con que se diga que te guste, aunque se sepa que no es así. Casi me atrevería a decir que en muchos casos lo que se demanda es precisamnete el conformismo de "no me gusta pero digo que sí", pues, de esa manera, ya no se corre el riesgo de que la persona, que realmente se cree ilusionada, se desengañe.

 Eso nos lleva a suprimir nuestro sufrimiento, en vez de sentirlo hasta agotarlo, creando un bloqueo emocional que sentimos como frustración y que nos impide vivir sanamente. ¿No deberíamos sentir nuestros sentimientos hasta el final, hasta vaciarnos del todo? ¿No es así como morimos y renacemos? ¿No es así cuando nos levantamos frescos al día siguiente?

miércoles, 12 de junio de 2013

Neurosis y el problema de forzar la expresión

¿Por qué hacer algo? Ninguna de nuestras acciones parten de una motivación genuina; son todas escapatorias o automatismos.

Estoy tenso. Siento como si finos cables de acero me recorriesen el cuerpo. Siempre pienso que es una energía emocional que no está siendo movilizada, un pensamiento que, aunque me parece muy cierto, no me ayuda, pues me fuerza a una expresión que no es natural. Necesitamos expresarnos pero no podemos hacerlo por decisión propia, eso sería ser muy poco gentil con nosotros mismos. La expresión solo puede estallar, solo puede suceder por sí misma.  ¡¿Qué hacer entonces cuando uno siente una tensión que parece no tener límites?! ¿ Y cómo condenar nuestras evasiones ante el vértigo de esa tensión? Sentir esa tensión hasta el final, hasta agotarla... No se me ocurre otra solución, sin embargo, no estoy seguro de si recomendaría eso a alguien; un juicio mortífero podría cruzarse en el camino. Cualquier recomendación en el terreno psicológico es peligrosa; uno ha de ir a su ritmo, no pasar ciertos límites para los que no está preparado. No es aconsejable querer salir de la propia evasión si no nos empuja a ello una necesidad genuina; la neurosis es una muralla que nos proteje de aquello para lo que no estamos preparados. Querer salir de la neurosis es un suicidio y no puede ser un deseo genuino, solo algo que decidimos por una presión externa. 

El drama de mi vida fue que, a los dieciséis años, un acontecimiento externo me tiró abajo mi muralla. No estaba preparado para lo que se me echó encima y sufrí las consecuencias. No fue algo que elegí, nadie puede eligir un suicidió así. De hecho, centré todos mis esfuerzos en levantar la muralla de nuevo. Pero no pude. 

lunes, 10 de junio de 2013

La necesidad de cinismo

Tengo que aprender a ser más cínico. Me siento culpable por todo el sin sentido que veo en el mundo y eso no es justo ni productivo. ¡Cómo si fuese culpa mía que la gente no entendiese nada! Realmente me siento culpable... culpable por mis sentimientos de desagrado ante lo que veo. No puedo observar como una persona hace estupideces sin sentirme culpable por los sentimientos que eso me provoca. Y eso es una rueda pues, al no sentir tu desagrado tranquilamente, se genera un resentimiento, se genera la frustración de no permitirte sentir como realmente te sientes al ver las cosas. 

Me siento culpable por no ser de una forma que, por otro lado, no es sana para mí. Me siento culpable por querer lo que me hace bien en vez de querer evasión, que es lo que exteriormente se demanda. 

Y soy muy ingenuo; todavía sigo creyendo que lo que veo en el día a día tiene sentido y que no es solo un chiste de mal gusto. Sigo creyendo que mi desagrado y mi incomprensión son algo malo en mí y que lo externo no es un problema. Pienso "bueno, el mundo esta como está y lo único que puedes hacer es lidiar con ello de la mejor forma posible". Obviamente lo único que uno puede hacer es reconocer las cosas como son y lidiar con ellas lo mejor posible pero ¡pongo el problema en mí mismo! No me permito sentir mi desagrado tranquilamente y eso es lo único que me puede ubicar psicológicamente. 

Y no es que intelectualmente no vea que las cosas están mal; es una cuestión más emocional. Me cuesta aceptar lo que es evidente. Y aquí creo que entra en juego la vergüenza ajena o, dicho de otra manera, la culpa por destapar a los demás. Lo que me frena es el reparo a despertar a la gente de su letargo, soy incapaz de gritar ¡¿qué mierdas hacéis con vuestras vidas?! Me da vergüenza decir eso y me callo. Quizás sea miedo a una respuesta violenta... Me pregunto si desde pequeños no se nos enseña a temer la libre expresión. Me pregunto si desde pequeño, por miedo a perder el necesario cuidado de  nuestros padres, no empezamos a temer el destapar esas insuficiencias suyas que, por otro lado, nos resultan tan evidentes.

La sensación general es de que hay algo muy elemental que está mal y no se nos está permitido decir nada al respecto. No se nos permite quejarnos, pues ese silencio ante una evidente miseria, es lo que mantiene la maquina rodando. Dada esa prohibición, ¿no es el cinismo la solución a esta culpa?, ¿no es una forma de aceptar tus sentimientos sin darse cabezazos contra la pared esperando la comprensión de los demás?

jueves, 23 de mayo de 2013

La imposibilidad de morir

¡Olvidarse de todo! No hacer nada, descansar. ¿Qué sentido tiene hacer algo cuando ninguna de tus acciones nace de una motivación adecuada?

¿De dónde viene el ansia de reconocimiento? Me siento vacío.

Todo nace de las prisas, del creer que hay una insuficiencia en ti; todo nace del miedo al no ser. ¿Cómo se puede vivir así dignamente?

¿Por qué dar explicaciones? ¿Por qué justificarse? Solo tengo una necesidad: morir y renacer. Pero el mundo me atrapa en sus rutinas, me atrapa una moral externa que me impide mi espacio. Siento vergüenza por querer ese espacio.  Nada tiene sentido si no surge de ese espacio interior; parte de  una mala motivación y lo contamina todo. ¿Qué se puede esperar de algo que nace del miedo y las prisas?

¿Cuál es la causa de mi sufrimiento? ¿Es verme bombardeado día y noche por una presión a adaptarme ajena a mis necesidades? ¿La incapacidad de vivir a mi manera y expresarme sin tapujos? ¿Es sencillamente mi incapacidad de sentir mis sentimientos reprimidos? Siento una brecha enorme entre mis sentimientos, entre mi realidad personal, y mi forma de vivir. No puedo ser yo mismo en la relación con los demás; me siento presionado, pienso que sería una indecencia mostrarme tal como soy. Me siento culpable por vivir de la manera que necesito vivir; ese es el drama. ¡¿De dónde viene esa culpa?! 

No me siento a gusto con la gente... y es por ese "tener que hacer algo", por ese tener que ser de tal manera. Siento una enorme presión a justificarme por mi modo de vivir. Las relaciones se transforman muchas veces en simple e incómodo dar explicaciones. Un puto protocolo. De ninguna manera me relaciono de una manera que considere productiva. Tengo una aversión tremenda a eso; nada me puede sentar peor que dar explicaciones, ¡ excusarme por algo que necesito, que es bueno para mí!

Me siento culpable por no tener amigos, eso me genera una tendencia relacionarme a la desesperada, algo incompatible con el desarrollo de relaciones sanas . Me siento culpable  por no estar "creciendo" en el mundo laboral, por no identificarme con el trabajo. Culpable por no querer hablar con mi familia.

Es la presión social contra tu espacio interior. Siento una presión enorme a ser alguien que no soy, una enorme presión a sentirme avergonzado por el mero hecho de ser. Haz esto, haz lo otro,...todo el puto día así ¡Qué me da igual eso, qué no me interesa! Es más, me parece corrupto e innecesario. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Open Paradigm Project (Testimonios de supervivientes del sistema psiquiátrico)

Ayer descubrí  Open Paradigm Project, una asociación que se dedica a divulgar testimonios de gente que, pasando por una tormenta personal, ha sufrido los daños del sistema psiquiátrico actual. Básicamente el mensaje es que la psiquiatría, tal como se plantea actualmente, no ayuda a las personas a realmente resolver sus problemas emocionales. El sistema psiquiátrico actual etiqueta a las personas con enfermedades no demostradas científicamente (básicamente a través  del DSM-IV, la biblia de la psiquiatría) y esas mismas etiquetas, especialmente si aseguran ser una enfermedad crónica, confunden a la persona y la alejan de la posibilidad de enfrentar sus problemas realmente. Por otro lado medican a la persona, algo que no resuelve la raíz de los problemas emocionales y puede tener efectos secundarios nocivos.

No podría estar más de acuerdo con eso pero es algo que no es nuevo para mí, es algo que ya vengo pensando desde hace tiempo y que en su día sufrí, aunque de una forma indirecta.  Lo que realmente me impacta son los testimonios de la gente. Lo que esa gente cuenta y, quizás más importante, como lo cuenta, tiene mucho sentido para mí. Al ver esos testimonios me veo a mí mismo. Veo a esa gente y pienso "¡joder, esta gente está diciendo la verdad!" Se me hace claro como esas personas están contando su historia de una forma muy honesta y que describen correctamente como el sistema psiquiátrico y, diría también, la sociedad en general no enfocan bien la cuestión del sufrimiento emocional. Al ver esos vídeos tengo la sensación de que esas personas están realmente conectadas consigo mismas, que tienen claro que es lo que hacen, que tienen claro que es lo importante. Eso también me hace sentirme solo, sentir que no estoy enfocado a mí mismo como debería, a las cosas que son importantes para mí, ni me estoy relacionando con gente con la que realmente pueda compartir mi realidad. Lo cierto es que siempre tengo al sensación de estar desconectado conmigo mismo, veo que en mi día a día no tengo como base, como propósito personal, esas heridas que necesito curar. Y, para mí, como ya he comentado otras veces, un gran problema aquí es como la sociedad en general, la psiquiatría incluida, no ayuda a las personas a conectar consigo mismas sino al contrario.

También me impacta el mero hecho de que la gente decida hacer un proyecto así, eso es algo que normalmente la gente se queda para uno mismo.








martes, 21 de mayo de 2013

Denunciar la estupidez

Me levanto y no sé que hacer. ¿Ir a patinar?, ¿a pasear al parque? Estoy embotado, la cosa no fluye. Pierdo la perspectiva de mí mismo. Me siento sobrecargado de preocupaciones que me son ajenas, preocupado por cosas que realmente no me importan. La sensación de no estar viviendo tu vida, de estar sencillamente siendo arrastrado por ideas externas. Angustiado por cosas de las que no eres ni consciente. Me empano, me desubico emocionalmente.

Sé cuál es la diferencia entre vivir una vida genuina y una vida ajena pero sencillamente la cosa no sale. 

¡Es la dificultad de vivir a tu manera sin avergonzarte! Esa es mi cruz. No podría decir que la vida no tiene sentido; la carencia viene por la falta de expresión sin culpa. Creo que tengo las ideas bastante claras, el problema es que me siento tan extraño ante el mundo que me retraigo. Es más una cuestión de miedo a la reacción de los otros y al no ofender con mis "blasfemias" que un dudar de mis ideas.

Necesito morir y renacer. Cuando uno se sobrecarga de sin sentidos hay que salir de ahí completamente. Verse en una dinámica que en ningún modo te beneficia. Verse arrojado una selva densa, angustiado y alerta por las amenazas que constantemente aparecen entre maleza. Amenazas contra tu espacio interior, contra todo lo que tiene sentido para ti. Necesito salir de ese bosque, subir a una colina despejada y, desde allí, ya seguro, coger perspectiva. ¡Y ver la jungla en la que estaba metido!

¡Olvidarse de todo! Si es que no tiene sentido, así no. Pero día tras día se nos mete mierda en la cabeza, ideas que sencillamente no ayudan, que nacen de la carencia y de la falta de de comprensión. Es todo muy absurdo y corrupto, ¡y muy innecesario! La presión por "hacer algo", por "ser alguien"; eso va a acabar conmigo. 

¡Estar tranquilos! No como una defensa de la vida pasiva sino como un espacio desde el cual empezar a crear algo con sentido.

Odio el mundo. La gente ansiosa, esperando que hagas algo que justifique su evasión. ¡¿Cómo lidias con eso? ¿cómo lidias con la estupidez de la gente?! Eso me produce una angustia sin límites. Me genera una culpa enorme pensar así pero, al mismo tiempo, es lo único que hace las cosas encajar. Me digo a mí mismo "no odias a la persona en sí, lo que no soportas es la estupidez"; tal vez sea cierto pero me siento anestesiado en la denuncia de la estupidez. No la denunciamos para no ofender y nos hacemos cómplices.

Presión infinita por hacer aquello que me desconecta de mí mismo. Culpa por no entrar en el juego o, si entras, vergüenza de ti mismo por degradarte. Si estás en sociedad tienes que elegir ¿culpa o vergüenza? 

¿La solución a esto? Esta clara: Ir a lo tuyo sin sentir ninguna culpa por tus sentimientos de desagrado hacia el estado de las cosas ¡¿Pero quién osa a hacer eso?, ¿quién osa a vivir de una manera que destapa las miserias de los demás?!

lunes, 11 de marzo de 2013

Agonizando en Londres

Me parece que llevo un tiempo sin ser objetivo conmigo mismo. Antes de venir a vivir a Londres, hace  algo más de un año, tuve una época en la que creo conseguí cierto grado de objetividad. Fue una época de un año y medio en la que, después de haber roto con mis amistades y haber dejado el trabajo que tenía, me dediqué a mí mismo en jornada completa. Fue una época muy diferente a cualquiera otra que hubiese vivido antes. No solo era dejar a mis amigos y  mi trabajo, significaba mucho más, fue un decir "no aguanto más", un intentar poner fin al sin sentido que había venido viviendo. Durante más de diez años lo había estado pasando realmente mal y nadie a mi alrededor me ofrecía ningún apoyo; mi familia y mis amigos eran solo una etiqueta. Necesitaba romper con todo, algo que me aterraba. Por eso tarde años en tomar la decisión. 

Tras haber cortado estuve un año y medio viviendo en casa de mis padres sin vida social y sin trabajar. Ahora que estoy en Londres echo de menos ese espacio para mí, creo que en esa época llegué a estar conectado conmigo mismo de una forma que solo había alcanzado algunas veces en mi niñez y en los primeros años de mi adolescencia. Lo que me permitió romper con todo, pese al terror que me producía, fue la convicción de que había algo más que esa vida alienada que había estado llevando. Y estaba en lo cierto. Pese a toda la presión social por el no tener vida social y no querer saber nada de nadie, no tener trabajo y estar en casa de tus padres con veintinueve años, las cosas parecían tener sentido. Al negar todo lo que me ofrecían, al rechazar todas esas presiones, las cosas  encajaban. Sí, lo pasaba mal por todas esas presiones sociales pero ya no sentía la vergüenza de la alienación. Había cambiado la vergüenza por la culpa de vivir de una forma "blasfema" y eso era algo mucho más digno. Fue una época de poesía y de encuentro conmigo mismo; no necesitaba nada de fuera, estaba repleto de mí mismo. No necesitaba a la gente ni un  trabajo con el que identificarme, al contrario, lo rechazaba. Eso me llenaba de culpa, estaba osando a rechazar los patrones sociales. Uno, cuando esta solo y sin trabajo, tiene que sentirse mal. Culpa y al mismo tiempo orgullo, pero todo eso se ha ido yendo al carajo en Londres.

En ningún momento quise venir a Londres, la razón por la que vine fue porque se acercaban las navidades y me di cuenta que no iba a poder soportar una vez más la hipocresía navideña. Si no hubiese sido por estar en casa de mis padres ese retiro personal no lo hubiese interrumpido. Tenía que salir de mi casa pero al mismo tiempo me aterraba; iba a salir a la jungla de nuevo. Tal vez ese miedo fuese por intuir que no estaba preparado para salir al mundo de una forma digna para mí. Me estaba reconstruyendo, no estaba preparado para salir ahí fuera. Para mí solo tiene sentido hacer las cosas que, sin presión, voy decidiendo yo mismo por entender que es algo que necesito o que quiero hacer. Me fui a la fuerza, como un perro, y todo esto  sin decir la verdad a mi familia por miedo a que, si me sinceraba, me hiciesen chantaje emocional diciendo que la familia estaba bien y que era injusto con ellos. 

Y estos quince meses que llevo en Londres no han sido nada más que una lucha continua para no perderme, para no caer en las mentiras que me desconectan de mi mísmo. No he podido crear nada porque no he tenido mi espacio desde el cual plantear las cosas tranquilamente. Me he visto obligado a      buscar trabajo de lo que sea apresuradamente y sin ninguna motivación. Trabajo en hostelería y me siento totalmente alienado; la gente que me rodea me es absolutamente ajena. Una lucha innecesaria que habría podido evitarme si hubiese tenido una familia que, en vez de mirarme con pena o desprecio por, según ellos, estar desperdiciando mi vida al no buscar un trabajo y hacer lo que todo el mundo, me hubiese respetado ese espacio. Aunque, la verdad, si hubiesen sido capaces de hacer eso, tal vez no estaría sufriendo todo lo que estoy sufriendo y ni siquiera hubiese necesitado ese espacio.

Aquí me corrompo con las prisas y las presiones, con la necesidad de sobrevivir. No tengo el espacio para estar conmigo mismo, para ser objetivo y ver las cosas tal cual son. Me empiezo a avergonzar de mí mismo de nuevo. Empiezo a ansiar lo que antes con orgullo rechazaba, me degrado, pierdo la sensibilidad. No puedo escribir nada que tenga sentido, solo banalidades que afortunadamente no publico. No tengo ideas nuevas.  Estoy embrutecido, desconectado de mí mismo. 

Estoy pensando en hacerme autobusero aquí, es un trabajo que pienso te permite ir a lo tuyo sin nadie que te moleste. Te permite hacer tu trabajo y punto, sin tonterías. A ver si así encuentro mi espacio y me recompongo. Veremos.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Eterno retorno?

Tengo la sensación de que nada de lo que hago y por lo que me esfuerzo es nuevo, como si la metas a las que aspiro, los problemas a los que me enfrento y las situaciones por las que paso ya hubiesen sucedido antes. Es una sensación extraña.

Tal vez en un tiempo atrás hubiese conseguido algo, después hubiese caído y ahora estuviese escalando para llegar al punto en el que me encontraba antes. Sí uno ha bajado a las profundidades y luego consigue subir de nuevo puede parecer que ha conseguido un gran logro, y sin duda eso es mejor que quedarse en el abismo, pero mi sensación es de solamente volver a la normalidad. 

La sensación es que mi vida se mueve en amplios círculos de varios años de duración, me parece que la segunda mitad de mi vida es en esencia igual que la primera; ambas empiezan con los mismos miedos y se enfrentan a los mismos obstáculos para llegar a un estado de... ¿neutralidad emocional? A los dieciséis años se apoderaron de mí unos miedos terribles que parecieron haberme llevado al principio de nuevo y, durante los quince años siguientes, he vivido lo que ahora me está pareciendo una copia de la primera mitad de mi vida.

Pese a que mis esfuerzos personales en estos últimos años los he visto como un tratar de recuperar algo que había perdido también tenía la idea de estar creando algo nuevo, sin embargo hoy tengo la sensación de que realmente es lo mismo. Por un lado eso me desilusiona pensar que no estoy consiguiendo nada que no haya conseguido antes pero, al mismo tiempo, es algo que tiene mucho sentido. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

Necesidades y relaciones


Uno tiene su realidad emocional, sus sentimientos en curso que en ese momento son lo más importante para él y a partir de los cuales y para los cuales debe movilizar sus energías. De hecho, considero que la movilización de los sentimientos en curso, en el sentido de atender y dar salida a nuestros sentimientos y necesidades, es algo que sucede de una manera natural, sin ser forzado.  Pero si uno está rodeado de gente ajena o incluso contraria a sus sentimientos en curso, especialmente si son gente que uno cree cercana, como familia o "amigos", se genera confusión. Algo no cuadra. ¿Qué sentido puede tener una relación si no se tienen en cuenta los auténticos sentimientos de las partes?

martes, 23 de octubre de 2012

Vergüenza por querer curarse

Desde que era muy pequeño hasta día de hoy, a mis treinta y un años, he tenido una herida emocional profunda. Recuerdo vivamente mis peleas a los seis años en el patio del colegio. Estaba lleno de rabia, lleno de dolor. Me peleaba a menudo. Al menos desde esa época siento ese dolor, aunque podría ser anterior. Me resulta difícil acordarme. No sabría explicar el motivo de esa herida pero sí sé que lo que más me dolía, y aún me duele, es que se rieran de mí o que sintiesen lástima. La mínima burla me hacía un daño desproporcionado. 

Y siento que ese dolor es el mismo que tengo ahora, creo que sencillamente es un problema que nunca resolví. Creo que la mayoría de las personas se olvidan de las heridas que arrastran, pues nadie habla de ellas. Sacar nuestro dolor se hace muy difícil si nadie más lo hace. Hace un rato he pensado algo que es lo que me ha motivado escribir esta entrada: siento vergüenza por querer curarme. Para mí nada puede tener más sentido que trabajar sobre esa herida, expresar mi dolor e intentar comprenderlo, pues, mientras no lo haga, todo lo que haga se verá afectado por ese dolor y estará, de una u otra forma, corrompido. Sin embargo, no siento que el ambiente, empezando por mi familia, sea empático al respecto, al contrario, lo que veo es una tendencia general a la evasión, a llevar una vida "normal" y a no pensar demasiado en ciertas cosas. Y eso me provoca la vergüenza de querer curarme, me siento como un alien por querer hacer lo que necesito. 

Te dicen que estudies para "ser alguien", que trabajes duro, que el esfuerzo dignifica, que te vayas de vacaciones, que salgas y te diviertas, que viajes, que te cases, etc. Pero a mí, eso no solo no me dice nada sino que me agobia, pues además se plantea como un mandato, no como una opción. Si no te vas de vacaciones en verano y te quedas tranquilamente en casa, uf, ya vamos mal, ya te va a preguntar algún impaciente con los ojos como platos ¡¿pero cómo es que no te vas de vacaciones?! Dan por hecho que irse a la playa a colgar la sombrilla es lo único razonable que uno puede hacer con su tiempo libre. Para mí, irme de vacaciones es seguir trabajando, es cambiar de un mandato a otro. Parece que toda esta traca de actividades está planteada para que nadie atienda sus necesidades reales y gestione sus propios asuntos. 

Me genera culpa decir que no quiero llegar a "ser alguien", que ya no quiero emborracharme porque sí los fines de semana o que no quiero irme de vacaciones por ahí. Me avergüenza mi necesidad de comprender y expresar el dolor que arrastro.




lunes, 24 de septiembre de 2012

Finge tu culpa

¡Hacer las cosas sin que las motive una presión externa! Eso produce la sensación de no hacer nada. No hay esfuerzo ni compromiso, no hay derrota ni victoria. Es otra forma de existir. Es paradójico, la forma más productiva de hacer las cosas es aquella en la que uno tiene la sensación de no estar haciendo nada.

Pero hacer las cosas así esta mal visto; la gente quiere que sufras, que te esfuerces. La gente quiere que te sientas culpable. No les gusta ver una persona que fluye por la vida sin una moral que lo torture. Es la dictadura de la culpa; dictadura innecesaria y demoledora.

Si no te sientes culpable ¡fíngelo!, de otro modo irán a por ti. Finge que te sientes culpable por estar solo, aunque desees la soledad. Finge que estás desesperado por no encontrar trabajo, aunque sepas que necesitas tiempo para ti. Si eres pobre finge que tu situación te vergüenza, aunque tengas todo lo necesario para vivir dignamente y consumir más te parezca innecesario e incluso grotesco. Finge que tienes un trastorno mental por no encajar en sociedad, de lo contrario se lo tomarán como un ataque y actuarán en consecuencia.

El mundo espera tu mentira, no le defraudes.

sábado, 25 de agosto de 2012

Documental de Cioran


No puedo dejar de recomendar este documental de Cioran, ¡qué estilo!, ¡qué clase!
 
 

 

De las moscas del Mercado (Nietzsche)

¡Huye, amiga mía, a tu soledad! Ensordecida te veo por el ruido de la gente grande, y acribillada por los aguijones de la pequeña.

El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silenciosos y atento pende sobre el mar.


Donde la soledad acaba, allí comienza el mercado; donde el mercado comienza, allí comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas.


A causa de esas gentes súbitas, vuelve a tu seguridad: sólo en el mercado le asaltan a una con un “¿sí o no?”.


Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad.


Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos.


Tú no eres una piedra, pero has sido ya excavada por muchas gotas. Acabarás por resquebrajarte y por romperte en pedazos bajo tantas gotas.


Fatigada te veo por moscas venenosas, llena de sangrientos rasguños te veo en cien sitios; y tu orgullo no quiere ni siquiera encolerizarse.


Demasiado orgullosa me pareces para matar a esos golosos. ¡Pero procura que no se convierta en tu fatalidad el soportar su venenosa injusticia!


Ellos reflexionan mucho sobre ti con su alma estrecha: ¡para ellos eres siempre preocupante! Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante.


Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad tus fallos.

Como tú eres suave y se sentir justo, dices: “No tienen ellos la culpa de su mezquina existencia”. Mas su estrecha alma piensa: “Culpable es toda gran existencia”.


Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan tus bondades con daños encubiertos.


Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza.


Huye, amiga mía, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu destino el ser espantamoscas.


Así habló Zaratustra.

                                                                               Friedrich Nietzsche

¿Leer por leer?

¡Cuántas veces habremos oído que leer es bueno! Desde pequeños se nos mete en la cabeza que hay que leer y nos meten unos tostones en el colegio que no sabemos ni por donde coger. A mí me costaba muchísimo leerlos. No me interesaban. Si podía me veía la película. Era algo forzado que me producía un tedio enorme. Todo el rato mirando cuantas páginas quedaban.

 Ni siquiera se hace énfasis en qué leer, solo en leer. Según ese principio, es lo mismo leer un libro del charlatán Deepak Chopra que un libro decente (que cada cual decida que es decente para él). ¿Qué mierda es esa?, ¿leer por leer? Hasta el metro está lleno de carteles que incitan a la lectura por la lectura.

Tampoco se hace ningún énfasis en nuestras necesidades e inclinaciones de cada momento, y a mí me parece claro que hay momentos en los que una lectura puede ser útil y momentos en los que no venga a cuento. Y hay momentos en los que leer no es apropiado. Un niño está lleno de curiosidad pero, en vez de dejar rienda suelta a esa motivación, potencialmente muy productiva, le bloqueamos diciéndole que se casque El Quijote. Sí el niño dejase a un lado la autoridad y pudiese expresarse correctamente diría "pero, ¡¿qué mierdas hago yo leyéndome este libro?! Yo quiero salir a darme una vuelta con la bici y llamar a Jose a ver si quiere salir". Y no es que ese sacrificio involuntario vaya a tener unos frutos de los que el niño no es consciente en ese momento, no, lo que va a pasar es que ese libro se le va a olvidar, que esa lectura va a ser un mal trago innecesario que no solo no le va a aportar nada sino que va a matar su espíritu haciéndole creer que esa lectura era más necesaria que sus motivaciones genuinas. El Quijote podrá ser un buen libro pero así no se hacen las cosas, no sé puede enchufar a la fuerza ese libraco a un niño de once años.

Yo no me acuerdo nada de lo que leí en el colegio. ¡Cuánto tiempo desperdiciado! No se aprende nada y nos hace rechazar un posible deseo genuino por la lectura.  Leer por leer y leer a la fuerza. Lo siento, pero no lo entiendo. Pienso que hoy en día mucha gente no lee porque se les ha enseñado a odiar la lectura y, muchos de los que leen, lo hacen por presión social y se cascan libros-masa como El código Da Vinci.

La lectura tiene que nacer de una motivación genuina. Te interesa algún tema y lees sobre eso. Punto. Te gusta el estilo literario de un autor y lo lees. Punto. ¿Qué es eso de que hay que leer?

Por otro lado, a mí, por ejemplo, me gusta ver documentales. Me parece un formato muy interesante y atractivo para aprender. Me enchufo seguidos la serie de trece documentales de "América. La historia de EEUU" y me quedo bien a gusto. Me los veo durante toda la noche tirado en mi cama. Ocio extremo. Y luego pienso: "Hostia, claro, los cabrones esclavizaron a los negros para enriquecerse , "el descubrimiento del petroleo hace más cien años explica muchas cuestiones actuales", "joder, qué corta y rápida es la historia de EEUU y cuánto ha afectado al mundo",...  Y después, si me apetece, cojo papel y lápiz y me hago un esquema aclarar más las cosas. El  formato documental esta infravalorado. ¿Por qué no se fomenta el documental? 

Y no hay por qué estar todo el rato leyendo, se puede pensar por uno mismo. Es mucho más sano llegar a una conclusión por uno mismo que leerla. Si leemos y no pensamos por nosotros mismos la lectura es la que acaba pensando por nosotros.

jueves, 23 de agosto de 2012

No entiendo nada

¿Qué sentido puede tener una relación, del tipo que sea, si entre ellos no se ayudan en sus cuestiones más importantes? Si dos personas son familia o se dicen ser amigos pero no son aliados en lo que para cada uno de ellos es importante ¿qué sentido tiene eso? ¿No está eso en la esencia de toda relación sana? ¿Para qué sirven las apariencias? ¿Por qué no tenemos relaciones sanas? ¿De qué tenemos tanto miedo? ¿Por qué las relaciones estériles son la norma? No entiendo por qué la gente se embarca ilusionada en una carrera profesional que no le interesa. No entiendo por qué la gente se casa sin estar enamorado. No entiendo por qué la gente se casa. No entiendo nada.  
A mí no me motiva nada de lo que el mundo me ofrece o, mejor dicho, de lo que me presiona a hacer. Salgo de casa y no entiendo nada, todo me parece una broma de mal gusto. Si de repente se bajase un telón gigante y me dijesen que todo había sido un montaje tal vez todo encajaría. “¡Cabrones, me la habéis jugado bien!”, les diría. Ojalá cayese ese telón.
No veo nada ahí fuera que me haga simpatizar con la vida, ni un solo gesto de complicidad. Miro a la gente y no me inspira nada y, sin embargo, me veo obligado a entrar en el juego. No puedo ser sincero. Como diría Cioran, es una parodia del infierno. No solo es horroroso sino que es estúpido e innecesario. Podríamos llevar una vida medianamente decente, pero no, tenemos que hacer el mendrugo. 
Solo escribir mi desencanto me parece que pueda tener algo de sentido, sin embargo, me avergüenzo de escribir. No ante mí pero sí ante los demás.  Más que de escribir, me avergüenzo de lo que escribo. Me avergüenzo de lo único que tiene sentido para mí. ¿Se puede vivir así? Si alguien me pregunta que voy a hacer mañana no me sale decir tranquilamente “me voy a quedar escribiendo”. En vez de eso, bajo la cabeza y digo algo como “no…, bueno, me quedaré en casa tranquilamente, es que ahora estoy en plan tranqui, sin salir mucho…”  Y es que, escribir y ser sincero no mola nada, no es nada cool. Lo que sí es enrrollado es salir a tomar cervezas e ir a la playita en verano. Joé, eso sí que mola.  Y, si no te notas a gusto con eso,  ¡tranquilo, no pasa nada, que esto es tope guay, es lo que se lleva!
A veces, para huir de esa vergüenza,  pienso en escribir algo más ligero, algo más aceptable y menos comprometido, pero, si lo hiciese, escribir perdería todo su sentido. ¿Para qué mierdas iba a escribir algo que no siento y que sé que es banal?
No entiendo nada.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Días soleados, ánimos sombríos

No me gustan los días soleados, no se corresponden con mi realidad. Odio un día de sol en el parque rodeado de padres sonrientes que usan a sus niños como mascotas y de grupos de jóvenes que lo único que hacen es hacer fotos y decir "Jo tío, que buen día hace". Todos están obsesionados con el sol, no comprendo que ven de bonito en ello. Como si el sol les fuese a traer buen ánimo... Para mí no es en absoluto así, a mí el sol y las caras sonrientes en el parque solo me hacen sentir extraño, solo me desconectan de mi mismo. Yo prefiero un día sombrío, prefiero los atardeceres. Prefiero estar solo en mi cuarto. Más aún, prefiero la noche con su silencio. ¡Estar jodidamente solo en tu cuarto a medianoche escuchando aullidos de lobos! Eso encaja más con mi realidad. Nada peor para el ánimo sombrío que un día soleado.

viernes, 27 de abril de 2012

Interesarse por nuestras miserias

Somos un torbellino de emociones. Hasta la persona con la vida más rutinaria podría sentir en profundidad si realmente expresase esa misma rutina de su día a día. Sus emociones no han desaparecido, están latentes. Las emociones, hasta que no son sentidas y agotadas, nunca desaparecen. Lo interesante de una vida tremendamente aburrida y banal es precisamente eso, lo aburrida que es. Y es interesante porque eso es lo que es y no otra cosa. ¿Qué otra cosa le puede interesar al aburrido que su propio aburrimiento?, ¿qué otra cosa le puede interesar a el atormentado que su propio tormento? No te puede interesar más que aquello que vives, pues no hay más. Hay que interesarse por nuestras miserias, mirarlas con curiosidad y asombro. Sentirlas y pensar "¡por dios, qué mísero soy!". ¿Qué podemos hacer si no vomitar nuestras verdades y quedarnos atónitos ante ellas? Expresar y objetivar todo hasta que se convierta en algo interesante. Interesarnos por nosotros mismos. En ese aspecto, no existe una vida carente de sentido. La existencia más absurda comienza a ser interesante cuando uno se hace consciente de su propio absurdo y se interesa por él. Expresar y objetivar lo que nos ocurre en cada momento, sin dejarnos nada. Es un continuo, nunca se llega a ningún lado en el sentido de una meta premeditada, sin embargo, vamos comprendiendo deshaciendo nuestras angustias. Movilizamos emociones, fluimos. No se llega a ningún lado ( porque tampoco hay sitio a donde llegar) pero hacemos lo único que podría tener sentido: Interesarnos por lo que somos dejando así de ser presa de la inconsciencia y de nuestros propios bloqueos emocionales. Nos interesan nuestros miedos y angustias. Nos interesan nuestros complejos. Por mero interés nos atrevemos incluso a mirar cosas de nosotros mismos nos aterran.

martes, 24 de abril de 2012

Me jode

Me jode está puta tensión interna, el no expresarse. Me jode sentirme acribillado por pesados, que la gente me moleste con su estupidez. Me joden los psicólogos de pacotilla que creen saber algo por tener un mísero título. Me jode que la gente se trague su cuento. Me joden los posmodernistas y la gente 2.0. Me jode el “rollo skater”. Me jode no sentirme ligero y llevar esta carga de presiones. Me jode no poder ir a lo mío. Me joden los pesados, la gente que hurga en tu vida. Me joden los desconocidos que te piden explicaciones. Me jode la gente que es irresponsable sin necesidad. Y me jode que eso me salpique. Me jode que la gente no entienda las cosas elementales de la vida. Me jode que la gente viva en la mentira, que se relacione con gente como ella y que juntos alimenten su farsa. Me joden los buenrrollistas. Me jode el mandato a la diversión. Me jode no poder cabrearme a gusto. Me jode no poder decirle a una chica que me encantaría follar con ella. Me jode la música comercial actual. Me joden los encorbatados ansiosos y estúpidos. Me jode que el mercado laboral sea inflexible e irracional. Me jode la gente cobarde. Me jode que el público se degrade idealizando al artista. Me jode la publicidad. Me jode que la gente no se exprese. Me joden los gafapastas, se creen que saben más que nadie y no saben una puta mierda. Me jode el manual de psiquiatria DSM-IV. Me jode que la gente no piense por ella misma y ceda su autoridad moral a un estúpido. Me joden las terapias alternativas, el new age y demás charlatanerías. Me jode la gente que manipula a los demás. Me jode la estupidez.

martes, 17 de abril de 2012

La importancia de las relaciones sociales

Hoy me ha venido algo a la cabeza que nunca había pensado, al menos no de esta manera: La importancia de las relaciones sociales. Se me ha hecho evidente que es un aspecto fundamental en la vida. Eso me hace plantearme varias preguntas: ¿Cómo relacionarse correctamente?, ¿qué es una relación sana?, ¿para qué nos relacionamos? Creo que relacionarse adecuadamente es algo de extrema importancia. Una relación sana y productiva quizás sea de las cosas más valiosas que uno pueda vivir en este mundo. También es verdad que una insana puede ser de las cosas más terribles. Para bien o para mal son de enorme importancia. Me pregunto si acaso no deberíamos plantearnos seriamente este asunto: ¿Cómo relacionarnos? Porque claro, es evidente que no se trata de una cuestión de cantidad...

lunes, 9 de abril de 2012

Mal mundo para sufrir

Este mundo no está hecho para pasarlo mal. Aquellos que sufren o han sufrido no van a encontrar comprensión en esta sociedad, ¿cómo iban a encontrarla si es la misma sociedad la que les ha dañado? Pedimos ayuda a quienes nos dañan, porque no ha nadie más.

Aquellos que han conocido el sufrimiento y quieren recomponerse no lo van a tener fácil. En todos lados les dirán que no tienen problemas o que los que tienen son otros. La única solución es ignorar a la gente, pues, salvo algún extraviado, nadie deseará nuestro bien sinceramente ni tendrá la capacidad de aportar algo. Y la familia y los amigos, etiquetas sociales por excelencia, están basadas más en el miedo que en el amor.

Pocos están a la altura de acompañar dignamente a otro ser humano en su sufrimiento. Esa incapacidad es el espejo de nuestra miseria. El sufrimiento ajeno exteriorizado nos aterra, porque refleja el nuestro, oculto. Nuestro amor no da la talla.