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miércoles, 12 de junio de 2013

Neurosis y el problema de forzar la expresión

¿Por qué hacer algo? Ninguna de nuestras acciones parten de una motivación genuina; son todas escapatorias o automatismos.

Estoy tenso. Siento como si finos cables de acero me recorriesen el cuerpo. Siempre pienso que es una energía emocional que no está siendo movilizada, un pensamiento que, aunque me parece muy cierto, no me ayuda, pues me fuerza a una expresión que no es natural. Necesitamos expresarnos pero no podemos hacerlo por decisión propia, eso sería ser muy poco gentil con nosotros mismos. La expresión solo puede estallar, solo puede suceder por sí misma.  ¡¿Qué hacer entonces cuando uno siente una tensión que parece no tener límites?! ¿ Y cómo condenar nuestras evasiones ante el vértigo de esa tensión? Sentir esa tensión hasta el final, hasta agotarla... No se me ocurre otra solución, sin embargo, no estoy seguro de si recomendaría eso a alguien; un juicio mortífero podría cruzarse en el camino. Cualquier recomendación en el terreno psicológico es peligrosa; uno ha de ir a su ritmo, no pasar ciertos límites para los que no está preparado. No es aconsejable querer salir de la propia evasión si no nos empuja a ello una necesidad genuina; la neurosis es una muralla que nos proteje de aquello para lo que no estamos preparados. Querer salir de la neurosis es un suicidio y no puede ser un deseo genuino, solo algo que decidimos por una presión externa. 

El drama de mi vida fue que, a los dieciséis años, un acontecimiento externo me tiró abajo mi muralla. No estaba preparado para lo que se me echó encima y sufrí las consecuencias. No fue algo que elegí, nadie puede eligir un suicidió así. De hecho, centré todos mis esfuerzos en levantar la muralla de nuevo. Pero no pude. 

lunes, 10 de junio de 2013

La necesidad de cinismo

Tengo que aprender a ser más cínico. Me siento culpable por todo el sin sentido que veo en el mundo y eso no es justo ni productivo. ¡Cómo si fuese culpa mía que la gente no entendiese nada! Realmente me siento culpable... culpable por mis sentimientos de desagrado ante lo que veo. No puedo observar como una persona hace estupideces sin sentirme culpable por los sentimientos que eso me provoca. Y eso es una rueda pues, al no sentir tu desagrado tranquilamente, se genera un resentimiento, se genera la frustración de no permitirte sentir como realmente te sientes al ver las cosas. 

Me siento culpable por no ser de una forma que, por otro lado, no es sana para mí. Me siento culpable por querer lo que me hace bien en vez de querer evasión, que es lo que exteriormente se demanda. 

Y soy muy ingenuo; todavía sigo creyendo que lo que veo en el día a día tiene sentido y que no es solo un chiste de mal gusto. Sigo creyendo que mi desagrado y mi incomprensión son algo malo en mí y que lo externo no es un problema. Pienso "bueno, el mundo esta como está y lo único que puedes hacer es lidiar con ello de la mejor forma posible". Obviamente lo único que uno puede hacer es reconocer las cosas como son y lidiar con ellas lo mejor posible pero ¡pongo el problema en mí mismo! No me permito sentir mi desagrado tranquilamente y eso es lo único que me puede ubicar psicológicamente. 

Y no es que intelectualmente no vea que las cosas están mal; es una cuestión más emocional. Me cuesta aceptar lo que es evidente. Y aquí creo que entra en juego la vergüenza ajena o, dicho de otra manera, la culpa por destapar a los demás. Lo que me frena es el reparo a despertar a la gente de su letargo, soy incapaz de gritar ¡¿qué mierdas hacéis con vuestras vidas?! Me da vergüenza decir eso y me callo. Quizás sea miedo a una respuesta violenta... Me pregunto si desde pequeños no se nos enseña a temer la libre expresión. Me pregunto si desde pequeño, por miedo a perder el necesario cuidado de  nuestros padres, no empezamos a temer el destapar esas insuficiencias suyas que, por otro lado, nos resultan tan evidentes.

La sensación general es de que hay algo muy elemental que está mal y no se nos está permitido decir nada al respecto. No se nos permite quejarnos, pues ese silencio ante una evidente miseria, es lo que mantiene la maquina rodando. Dada esa prohibición, ¿no es el cinismo la solución a esta culpa?, ¿no es una forma de aceptar tus sentimientos sin darse cabezazos contra la pared esperando la comprensión de los demás?

jueves, 23 de mayo de 2013

La imposibilidad de morir

¡Olvidarse de todo! No hacer nada, descansar. ¿Qué sentido tiene hacer algo cuando ninguna de tus acciones nace de una motivación adecuada?

¿De dónde viene el ansia de reconocimiento? Me siento vacío.

Todo nace de las prisas, del creer que hay una insuficiencia en ti; todo nace del miedo al no ser. ¿Cómo se puede vivir así dignamente?

¿Por qué dar explicaciones? ¿Por qué justificarse? Solo tengo una necesidad: morir y renacer. Pero el mundo me atrapa en sus rutinas, me atrapa una moral externa que me impide mi espacio. Siento vergüenza por querer ese espacio.  Nada tiene sentido si no surge de ese espacio interior; parte de  una mala motivación y lo contamina todo. ¿Qué se puede esperar de algo que nace del miedo y las prisas?

¿Cuál es la causa de mi sufrimiento? ¿Es verme bombardeado día y noche por una presión a adaptarme ajena a mis necesidades? ¿La incapacidad de vivir a mi manera y expresarme sin tapujos? ¿Es sencillamente mi incapacidad de sentir mis sentimientos reprimidos? Siento una brecha enorme entre mis sentimientos, entre mi realidad personal, y mi forma de vivir. No puedo ser yo mismo en la relación con los demás; me siento presionado, pienso que sería una indecencia mostrarme tal como soy. Me siento culpable por vivir de la manera que necesito vivir; ese es el drama. ¡¿De dónde viene esa culpa?! 

No me siento a gusto con la gente... y es por ese "tener que hacer algo", por ese tener que ser de tal manera. Siento una enorme presión a justificarme por mi modo de vivir. Las relaciones se transforman muchas veces en simple e incómodo dar explicaciones. Un puto protocolo. De ninguna manera me relaciono de una manera que considere productiva. Tengo una aversión tremenda a eso; nada me puede sentar peor que dar explicaciones, ¡ excusarme por algo que necesito, que es bueno para mí!

Me siento culpable por no tener amigos, eso me genera una tendencia relacionarme a la desesperada, algo incompatible con el desarrollo de relaciones sanas . Me siento culpable  por no estar "creciendo" en el mundo laboral, por no identificarme con el trabajo. Culpable por no querer hablar con mi familia.

Es la presión social contra tu espacio interior. Siento una presión enorme a ser alguien que no soy, una enorme presión a sentirme avergonzado por el mero hecho de ser. Haz esto, haz lo otro,...todo el puto día así ¡Qué me da igual eso, qué no me interesa! Es más, me parece corrupto e innecesario. 

lunes, 11 de marzo de 2013

Agonizando en Londres

Me parece que llevo un tiempo sin ser objetivo conmigo mismo. Antes de venir a vivir a Londres, hace  algo más de un año, tuve una época en la que creo conseguí cierto grado de objetividad. Fue una época de un año y medio en la que, después de haber roto con mis amistades y haber dejado el trabajo que tenía, me dediqué a mí mismo en jornada completa. Fue una época muy diferente a cualquiera otra que hubiese vivido antes. No solo era dejar a mis amigos y  mi trabajo, significaba mucho más, fue un decir "no aguanto más", un intentar poner fin al sin sentido que había venido viviendo. Durante más de diez años lo había estado pasando realmente mal y nadie a mi alrededor me ofrecía ningún apoyo; mi familia y mis amigos eran solo una etiqueta. Necesitaba romper con todo, algo que me aterraba. Por eso tarde años en tomar la decisión. 

Tras haber cortado estuve un año y medio viviendo en casa de mis padres sin vida social y sin trabajar. Ahora que estoy en Londres echo de menos ese espacio para mí, creo que en esa época llegué a estar conectado conmigo mismo de una forma que solo había alcanzado algunas veces en mi niñez y en los primeros años de mi adolescencia. Lo que me permitió romper con todo, pese al terror que me producía, fue la convicción de que había algo más que esa vida alienada que había estado llevando. Y estaba en lo cierto. Pese a toda la presión social por el no tener vida social y no querer saber nada de nadie, no tener trabajo y estar en casa de tus padres con veintinueve años, las cosas parecían tener sentido. Al negar todo lo que me ofrecían, al rechazar todas esas presiones, las cosas  encajaban. Sí, lo pasaba mal por todas esas presiones sociales pero ya no sentía la vergüenza de la alienación. Había cambiado la vergüenza por la culpa de vivir de una forma "blasfema" y eso era algo mucho más digno. Fue una época de poesía y de encuentro conmigo mismo; no necesitaba nada de fuera, estaba repleto de mí mismo. No necesitaba a la gente ni un  trabajo con el que identificarme, al contrario, lo rechazaba. Eso me llenaba de culpa, estaba osando a rechazar los patrones sociales. Uno, cuando esta solo y sin trabajo, tiene que sentirse mal. Culpa y al mismo tiempo orgullo, pero todo eso se ha ido yendo al carajo en Londres.

En ningún momento quise venir a Londres, la razón por la que vine fue porque se acercaban las navidades y me di cuenta que no iba a poder soportar una vez más la hipocresía navideña. Si no hubiese sido por estar en casa de mis padres ese retiro personal no lo hubiese interrumpido. Tenía que salir de mi casa pero al mismo tiempo me aterraba; iba a salir a la jungla de nuevo. Tal vez ese miedo fuese por intuir que no estaba preparado para salir al mundo de una forma digna para mí. Me estaba reconstruyendo, no estaba preparado para salir ahí fuera. Para mí solo tiene sentido hacer las cosas que, sin presión, voy decidiendo yo mismo por entender que es algo que necesito o que quiero hacer. Me fui a la fuerza, como un perro, y todo esto  sin decir la verdad a mi familia por miedo a que, si me sinceraba, me hiciesen chantaje emocional diciendo que la familia estaba bien y que era injusto con ellos. 

Y estos quince meses que llevo en Londres no han sido nada más que una lucha continua para no perderme, para no caer en las mentiras que me desconectan de mi mísmo. No he podido crear nada porque no he tenido mi espacio desde el cual plantear las cosas tranquilamente. Me he visto obligado a      buscar trabajo de lo que sea apresuradamente y sin ninguna motivación. Trabajo en hostelería y me siento totalmente alienado; la gente que me rodea me es absolutamente ajena. Una lucha innecesaria que habría podido evitarme si hubiese tenido una familia que, en vez de mirarme con pena o desprecio por, según ellos, estar desperdiciando mi vida al no buscar un trabajo y hacer lo que todo el mundo, me hubiese respetado ese espacio. Aunque, la verdad, si hubiesen sido capaces de hacer eso, tal vez no estaría sufriendo todo lo que estoy sufriendo y ni siquiera hubiese necesitado ese espacio.

Aquí me corrompo con las prisas y las presiones, con la necesidad de sobrevivir. No tengo el espacio para estar conmigo mismo, para ser objetivo y ver las cosas tal cual son. Me empiezo a avergonzar de mí mismo de nuevo. Empiezo a ansiar lo que antes con orgullo rechazaba, me degrado, pierdo la sensibilidad. No puedo escribir nada que tenga sentido, solo banalidades que afortunadamente no publico. No tengo ideas nuevas.  Estoy embrutecido, desconectado de mí mismo. 

Estoy pensando en hacerme autobusero aquí, es un trabajo que pienso te permite ir a lo tuyo sin nadie que te moleste. Te permite hacer tu trabajo y punto, sin tonterías. A ver si así encuentro mi espacio y me recompongo. Veremos.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Eterno retorno?

Tengo la sensación de que nada de lo que hago y por lo que me esfuerzo es nuevo, como si la metas a las que aspiro, los problemas a los que me enfrento y las situaciones por las que paso ya hubiesen sucedido antes. Es una sensación extraña.

Tal vez en un tiempo atrás hubiese conseguido algo, después hubiese caído y ahora estuviese escalando para llegar al punto en el que me encontraba antes. Sí uno ha bajado a las profundidades y luego consigue subir de nuevo puede parecer que ha conseguido un gran logro, y sin duda eso es mejor que quedarse en el abismo, pero mi sensación es de solamente volver a la normalidad. 

La sensación es que mi vida se mueve en amplios círculos de varios años de duración, me parece que la segunda mitad de mi vida es en esencia igual que la primera; ambas empiezan con los mismos miedos y se enfrentan a los mismos obstáculos para llegar a un estado de... ¿neutralidad emocional? A los dieciséis años se apoderaron de mí unos miedos terribles que parecieron haberme llevado al principio de nuevo y, durante los quince años siguientes, he vivido lo que ahora me está pareciendo una copia de la primera mitad de mi vida.

Pese a que mis esfuerzos personales en estos últimos años los he visto como un tratar de recuperar algo que había perdido también tenía la idea de estar creando algo nuevo, sin embargo hoy tengo la sensación de que realmente es lo mismo. Por un lado eso me desilusiona pensar que no estoy consiguiendo nada que no haya conseguido antes pero, al mismo tiempo, es algo que tiene mucho sentido. 

martes, 23 de octubre de 2012

Vergüenza por querer curarse

Desde que era muy pequeño hasta día de hoy, a mis treinta y un años, he tenido una herida emocional profunda. Recuerdo vivamente mis peleas a los seis años en el patio del colegio. Estaba lleno de rabia, lleno de dolor. Me peleaba a menudo. Al menos desde esa época siento ese dolor, aunque podría ser anterior. Me resulta difícil acordarme. No sabría explicar el motivo de esa herida pero sí sé que lo que más me dolía, y aún me duele, es que se rieran de mí o que sintiesen lástima. La mínima burla me hacía un daño desproporcionado. 

Y siento que ese dolor es el mismo que tengo ahora, creo que sencillamente es un problema que nunca resolví. Creo que la mayoría de las personas se olvidan de las heridas que arrastran, pues nadie habla de ellas. Sacar nuestro dolor se hace muy difícil si nadie más lo hace. Hace un rato he pensado algo que es lo que me ha motivado escribir esta entrada: siento vergüenza por querer curarme. Para mí nada puede tener más sentido que trabajar sobre esa herida, expresar mi dolor e intentar comprenderlo, pues, mientras no lo haga, todo lo que haga se verá afectado por ese dolor y estará, de una u otra forma, corrompido. Sin embargo, no siento que el ambiente, empezando por mi familia, sea empático al respecto, al contrario, lo que veo es una tendencia general a la evasión, a llevar una vida "normal" y a no pensar demasiado en ciertas cosas. Y eso me provoca la vergüenza de querer curarme, me siento como un alien por querer hacer lo que necesito. 

Te dicen que estudies para "ser alguien", que trabajes duro, que el esfuerzo dignifica, que te vayas de vacaciones, que salgas y te diviertas, que viajes, que te cases, etc. Pero a mí, eso no solo no me dice nada sino que me agobia, pues además se plantea como un mandato, no como una opción. Si no te vas de vacaciones en verano y te quedas tranquilamente en casa, uf, ya vamos mal, ya te va a preguntar algún impaciente con los ojos como platos ¡¿pero cómo es que no te vas de vacaciones?! Dan por hecho que irse a la playa a colgar la sombrilla es lo único razonable que uno puede hacer con su tiempo libre. Para mí, irme de vacaciones es seguir trabajando, es cambiar de un mandato a otro. Parece que toda esta traca de actividades está planteada para que nadie atienda sus necesidades reales y gestione sus propios asuntos. 

Me genera culpa decir que no quiero llegar a "ser alguien", que ya no quiero emborracharme porque sí los fines de semana o que no quiero irme de vacaciones por ahí. Me avergüenza mi necesidad de comprender y expresar el dolor que arrastro.




jueves, 23 de agosto de 2012

No entiendo nada

¿Qué sentido puede tener una relación, del tipo que sea, si entre ellos no se ayudan en sus cuestiones más importantes? Si dos personas son familia o se dicen ser amigos pero no son aliados en lo que para cada uno de ellos es importante ¿qué sentido tiene eso? ¿No está eso en la esencia de toda relación sana? ¿Para qué sirven las apariencias? ¿Por qué no tenemos relaciones sanas? ¿De qué tenemos tanto miedo? ¿Por qué las relaciones estériles son la norma? No entiendo por qué la gente se embarca ilusionada en una carrera profesional que no le interesa. No entiendo por qué la gente se casa sin estar enamorado. No entiendo por qué la gente se casa. No entiendo nada.  
A mí no me motiva nada de lo que el mundo me ofrece o, mejor dicho, de lo que me presiona a hacer. Salgo de casa y no entiendo nada, todo me parece una broma de mal gusto. Si de repente se bajase un telón gigante y me dijesen que todo había sido un montaje tal vez todo encajaría. “¡Cabrones, me la habéis jugado bien!”, les diría. Ojalá cayese ese telón.
No veo nada ahí fuera que me haga simpatizar con la vida, ni un solo gesto de complicidad. Miro a la gente y no me inspira nada y, sin embargo, me veo obligado a entrar en el juego. No puedo ser sincero. Como diría Cioran, es una parodia del infierno. No solo es horroroso sino que es estúpido e innecesario. Podríamos llevar una vida medianamente decente, pero no, tenemos que hacer el mendrugo. 
Solo escribir mi desencanto me parece que pueda tener algo de sentido, sin embargo, me avergüenzo de escribir. No ante mí pero sí ante los demás.  Más que de escribir, me avergüenzo de lo que escribo. Me avergüenzo de lo único que tiene sentido para mí. ¿Se puede vivir así? Si alguien me pregunta que voy a hacer mañana no me sale decir tranquilamente “me voy a quedar escribiendo”. En vez de eso, bajo la cabeza y digo algo como “no…, bueno, me quedaré en casa tranquilamente, es que ahora estoy en plan tranqui, sin salir mucho…”  Y es que, escribir y ser sincero no mola nada, no es nada cool. Lo que sí es enrrollado es salir a tomar cervezas e ir a la playita en verano. Joé, eso sí que mola.  Y, si no te notas a gusto con eso,  ¡tranquilo, no pasa nada, que esto es tope guay, es lo que se lleva!
A veces, para huir de esa vergüenza,  pienso en escribir algo más ligero, algo más aceptable y menos comprometido, pero, si lo hiciese, escribir perdería todo su sentido. ¿Para qué mierdas iba a escribir algo que no siento y que sé que es banal?
No entiendo nada.

sábado, 17 de marzo de 2012

Es que no me apetece salir

Es Sábado por la noche y toda la gente del hostal en el que vivo está lista para salir a tomar unas copas, eso me genera presión, un pensamiento me asalta y dice "deberías salir, eres un chico de treinta años en Londres y es lo que toca, ¿acaso quieres ser un tipo raro?". Pero no me apetece nada. Nada. Buf, salir..., escuchar la música cutre de ahora y relacionarme con gente con la que a buen seguro no va a surgir una conversación que me interese. Si saliese sería un ceder al mandato de la diversión, sería cumplir con el protocolo. La única forma de que saliese sin sonrojarme sería engañándome, cayendo en la ilusión de que eso tiene algún sentido. ¿Por qué sale la gente? ¿Qué buscan? ¿Diversión? Yo no veo que se diviertan. Realmente no lo entiendo.

lunes, 12 de marzo de 2012

De muy mala hostia

Hoy estoy de muy mala hostia, tengo una enorme rabia dentro. Estoy de mala hostia por tener que hacer el paripé un día sí y otro también, o quizás, y aún peor, por hacerlo sin necesidad. En serio, soy un pringado, un tonto. No solo sufro la mentira y la corrumpción del día a día sino que encima me la creo, llego incluso a ilusionarme, a creer que mi vida está bien. Ilusionarse en el sufrimiento más absurdo, ¡qué puto desastre!

Sé que esta mala hostia es lo mejor que tengo en este momento, la alternativa es sufrirla en silencio, sufrir ( o ilusionarse) sin tener conciencia del tormento interno. Nada sería más estúpido que reprimirla.

No me apetece explicar que me llena de rabia, cuando uno está realmente cabreado no quiere dar explicaciones, solo quiere expresarse. Después ya pondremos orden a este torbellino. Solo diré que la estupidez me mata. ¿Qué estupidez? Coño, echar un vistazo a cualquier cosa y la veréis. Está por todos lados.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miseria y estrés laboral en Londres

Salgo de trabajar y estoy hecho una mierda. Hoy estaba cansadísimo y no me apetecía nada ir. Desde hace unos diez días estoy trabajando malamente en una cafeteria de Londres, digo malamente porque los dueños son unos desgraciados que engañan y no pagan a los empleados. En mi caso, y gracias a un compañero que me puso al día, si me están pagando. Les dije que, o me pagaban en metálico cada día, o me iba. Y han aceptado, pero sigue siendo una mierda: No tengo un horario fijo, trabajo pocas horas, me pagan poco, sin contrato, los dueños son unos miserables,... El trabajo no está mal, es tranquilo y agradable, pero las condiciones son pésimas. La cafetería también hace caterings para gente de rica de Londres y hoy me ha tocado ir a uno de esos. Ha sido horroroso; montar el chiringuito, prisas, poner la sonririta a los ricachones, desmontar el chiringuito, cargar peso,...

Vamos, que me tengo que buscar otro trabajo. Joder, pero eso me da una pereza tremenda. Para mí, lo mejor es no trabajar, después trabajar y, lo último, buscar trabajo. Es como trabajar, o peor, pero sin cobrar. No me gusta buscar trabajo, me parece humillante, siento que me degrado al hacerlo.

¡Solo quiero un trabajo estable y medianamente decente que me de mi dinerito para dedicarme en mi tiempo libre a lo mío! No quiero está tortura, esta inestabilidad. No quiero esta miseria. LLevo aquí dos meses y medio y he tenido dos trabajos, y los dos han resultado una mierda. El segundo, el de la cafeteria, por las razones que he dicho, y el primero de fregaplatos en un restaurante, por la dureza. Duré veinte días en este trabajo. Fregando ocho horas seguidas a un ritmo vertiginoso, llenandome de porquería y con un ambiente en la cocina de lo más estresante. Sencillamente no podía, tampoco quería. Un trabajo que no le recomendaría a nadie. Me dejaba el lomo todos los días y aún así me echaron por lento.

Y nada, estoy aquí desperdiciando mi vida con el estrés laboral. Ya me vine jodido aquí por no aguantar ni a mi familia ni a la gente del barrio y ahora esto. Solo quiero un trabajito sencillo y poder dedicarme a lo mío, poder descansar de una maldita vez, que cuando no es una cosa es otra. Poder pillarme una habitación para mí, que ahora comparto hasta la habitación en un hostal (lo del hostal es otra, pero eso es otro capítulo). Por supuesto que de alquilarme un piso para mi solo ni hablamos, vamos, ¿cómo me atrevo siquiera a pensarlo?

Solo quiero descansar y dedicarme a lo mío. Tengo mucha cosas sobre las que me gustaría escribir pero así no se puede, este trajín y esta miseria te mata la serenidad, la creatividad,... , te lo mata todo.

viernes, 10 de febrero de 2012

Víctima de una moral externa

Para mí la vida solo tiene sentido cuando voy a o mío, cuando hago las cosas por decisión propia,cuando hago aquello que tiene sentido para mí. Sin embargo, algo sucede que no me permite vivir de esa manera, soy víctima de una moral externa que he interiorizado y que me cuesta identificar. No hago lo que quiero y no sé por qué. Y en general no me doy cuenta de ello, solo a veces despierto y pienso "¡¿pero esto qué es?, ¿qué hago yo haciendo esto de aquí y esto de allá?!" Al darme cuenta de ello me siento mejor, me libero, pero sigo sin entender por qué me sucede.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Dos meses agobiado en Londres

Creo que mi principal problema ahora mismo es la presión social que siento, me siento totalmente acosado por ideas que no son mías. Me paro a pensarlo y apenas tengo respiros de libertad, donde me dirijo con mis propios pensamientos, con aquellos que respetan mis necesidades y que tienen sentido para mí. Ese vivir con motor propio, lo que yo suelo llamar "ir a lo tuyo", lo tengo bajo mínimos. Me siento totalmente enajenado. Es una mierda.

Entre esas presiones la principal es el tema laboral, me siento muy presionado a buscar trabajo, sin embargo,y aunque mis ahorros vas descendiendo, no es esa presión natural del tener que ganarse la vida. No, es algo diferente. Para ser sincero, no sé lo que es. Y encima el agobio me paraliza, me paso los días en un estado de estrés improductivo.

En realidad, no sé si me agobia el tema del trabajo en si mismo o es un recipiente donde proyecto otras inseguridades y angustias. Me extraña que se me haga tan dificil. Quizás me sienta culpable por no querer saber nada de mi familia, tal vez sencillamente arrastre la vergüenza que ellos me metieron. Llevo exiliado dos meses en Londres por la cuestión de alejarme de ellos. Quizás vuelco esos asuntos familiares en el tema laboral. No sé, tal vez el asunto del trabajo sí me angustie en sí mismo, no me gusta como se plantean las cosas, no me atrae nada de lo que veo y solo pensar en buscar trabajo me violenta. Evidentemente me tendré que ganar la vida pero me cuesta, y eso es lo que quiero expresar

Y me agobia el posmodernismo, ese obligatorio "vamos a salir que es Viernes", ese "tener que socializarse". Si eres español y estás en Londres parece que tienes que estar pasándotelo en grande de fiesta en fiesta, ir a los museos y las cafeterías fashion y hacer fotos para subiras al Facebook. Vamos, todo este juego de apariencias, buenrrollismo y demás. Yo no puedo con todo eso, tengo el alma rota, no estoy para fiestas ni para Facebook. Y, como vivo en un hostal, estoy rodeado de este "posmodernimo viajero" de chicos de veinte años. Voy bastante a lo mío pero ya se me genera esa sensación de bicho raro insociable. Lo cierto es que no siento que mi historia encaje bien por aquí.

Llevo dos meses aquí y no me termino de ubicar ni de centrar

sábado, 26 de noviembre de 2011

Una pregunta: ¿Pensar o avanzar?

Os quiero hacer una pregunta, queridos lectores (jeje, eso suena como un famoso que se dirige a sus fans). Estoy pensando que, si una persona lo ha pasado mal durante una época larga de tiempo ¿necesita para estar bien hacer introspección de lo que le ha sucedido, para poner las cosas en orden, o simplemente se trata de pasar página y cuanto menos pienses en el pasado mejor ? A veces pienso que se se trata de poner un punto y final, olvidarse de  todo y sencillamente empezar algo nuevo, otras, sin embargo, creo que, si no vas gestionando lo que te va ocurriendo, no se puede avanzar correctamente, te llevas el muerto a cuestas y vas plasmando tus neuras por todo sitio que pasas. También pienso que hay que gestionarlo pero hay que hacerlo bien, pensando bien y no creando más problemas de los que ya hay. Creo que tengo complejo de pensar mucho y actuar poco. ¿Qué pensáis? 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Angustia al despertar.

Hoy, como muchos otros días, me he levantado con ansiedad, o con angustia, para ser más exactos. Es curioso, en esos momentos en los que uno está despertándose, donde no se está ni totalmente despierto ni totalmente dormido, tengo la impresión de estar más en contacto con mis sentimientos que durante el resto del día. Según me voy despertando, esa angustia tiende a desvanecerse. No desaparece, más bien pierdo el contacto emocional con ella. Intento retenerla, pues considero que es importante no desconectarse y ver qué significa, pero apenas puedo, es como si no estuviese preparado para sentir eso. Se difumina, como los sueños.

Me levanto y me visto rápido, quiero salir a pasear antes de que se difumine del todo. Salgo de casa y me voy a pasear por un bosque cercano. Me gusta pasear por el campo, especialmente días como hoy, con todas las hojas caídas del otoño y el frescor del campo después de una noche de lluvia. Había crecido incluso hierba. Sí, las condiciones perfectas para un paseo. Usando una pequeña cámara que desde hace un año uso a modo de vídeo-diario (una cosa que se me ocurrió hacer de repente un día y que creo ha sido bastante útil) intento expresar esa angustia para quitármela de encima, pero no me sale, es como si no pudiese acceder a ella. Al final, comento otras cuestiones que, aún interesándome, no van al fondo de la cuestión. Tengo esa sensación de que se me está escapando algo importante.

Creo que esa angustia esconde las cuestiones emocionales que tengo pendientes, lo que me hace sufrir y tengo que trabajar, de ahí ese salir rápido a pasear con la cámara. Es un intento de soltarlo rápido para que no se me escape, por así decirlo, pero no parece tan sencillo. Quizás, si le cuesta salir, sea porque aún no estoy preparado para gestionar ese asunto. Pero, claro, al saber que son cosas que tengo pendientes me sabe mal que se queden ahí aparcadas. Es ese no saber bien cuando forzar, por pensar que me estoy acomodando, o cuando dejar estar y tomarlo con calma, por pensar que me estoy presionando. 

Después del paseo llego a casa y me pongo a hacer otras cosas. Sí, estoy más o menos tranquilo, el paseo me ha sentado bien, pero sigue esa sensación, aunque ya muy de fondo, acallada por la rutina del día a día, de que falla algo. En realidad, sé más o menos por donde van los tiros (temas familiares, haber llevado una vida alienada,...) pero una cosa es un darse cuenta intelectual, por así decirlo, y otra, darse cuanta realmente, viendo las cosas tal cual son, sin decoros y sin dejarse nada. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Tristeza y desfile militar

Hoy siento esa presión del "no soy nadie" encima mío. Debajo de eso, aunque me bombardeen pensamientos de "tienes que conseguir esto o lo otro",  lo que hay es tristeza.

Hoy, a las ocho de la mañana, después de no haber pegado ojo en toda la noche y con la intención de no dormirme ya a esa hora, y tratar así de poner el sueño en su sitio, me he bajado a Madrid, a ver desfile de las fuerzas armadas. Nunca lo había visto en directo y me daba curiosidad. Aunque tal vez fuese una forma de evasión o de participar en algo social, de  ese obligatorio, aunque no directamente, "tienes que hacer algo".

Mi tristeza ha hecho un paréntesis al empezar el jaleo del desfile. ¡Joder, menuda maquinaria!, ¡vaya tanques! Para eso soy como un niño. Todos los allí presentes, la parte más conservadora de España, estallaban de entusiasmo al ver pasar la primera linea de carros de combate. Me he preguntado si toda esa masa, embriagada por el poderío militar, sabría en realidad para que se utilizaban todos esos cañones. Si, impresiona y tal vez haya que estar preparado para defenderse de posibles ataques pero, ¿es bonito? ¿es digno de alabanza?

 El niño de mi lado le pregunta a su padre, "papa, ¿para que son esos cañones?", el padre, bonachón y sonriente, le contesta, "para disparar a los malos". Me han dado ganas de decirle "bueno, y a los no tan malos". Pero no lo he hecho.

Pero basta ya de desfiles militares, yo he venido aquí hablar de mi tristeza... Aunque ya se me ha ido, ya me he desconectado de mi mismo. ¡Maldito desfile! ¿Quien me manda distraerme con eso? ¿Acaso no es prioritario sacar esta pena que llevo dentro? ¿No es eso lo más importante? ¡Qué le den al desfile, estoy triste! A decir verdad, me he sentido de lo más solo allí, rodeado de familias aparentemente felices, aparentemente unidas por la patria. ¡Pues yo no me he sentido arropado! Me he sentido muy extraño. Y no he visto nada bonito, no he visto alegría. Fanatismo es lo que he visto, violencia disfrazada de "familias de bien" y de "amor a la patria".

Pero, ¿acaso buscaba allí algo de calor? Que ingenuo soy.

Ya me enfado, y no quería. ¡Pero si es que yo no quería ir allí, tampoco era de lo que quería haber hablado de eso aquí! Otra vez el "deber ser" por todos lados, un deber ser que ya no es ni deber ni nada, es pura estupidez.

¿Cuándo podré decir y hacer lo que realmente siento? ¿Acaso es pedir demasiado?


sábado, 1 de octubre de 2011

Y nada, que me sigo ilusionando

Hoy es uno de esos días que me he vuelto a ilusionar, ¡que trampa la ilusión!. Me he dado una vuelta por Madrid centro y ha sido una tarde agradable, me sentido bastante contento y tranquilo. Sin embargo, después me he ilusionado, me he puesto a hacerme pajas mentales; que si todo va ir bien, que si voy a llegar a ser esto o lo otro, que voy a encontrar una chica que vaya conmigo, que si voy a terminar de centrarme... Además, son ilusiones impuestas (¿no lo son todas?)  ¡Son los imperativos actuales!

 No es que me parezca mal encontrarme bien, no soy masoquista, pero ilusionarme, tratar de gozar ahora un  idealizado, diría incluso no deseado, "futuro mejor", me parece, en si mismo, un error. ¿Por qué no vivir las cosas como vienen y punto? Es que no me sienta nada bien, me hacen perder la serenidad, el realismo e incluso esa felicidad que momentáneamente he vivido.

Al escribir esto una voz me dice ( una voz no sonora... no me tachéis de loco, malditos): "hombre, ¿como eres así? Claro que si hay ilusiones sanas, ¿como vas a vivir sin ilusión?" Es posible, pero yo no las he encontrado. De todas maneras, ¿por qué ese empeño con la ilusión y los planes? ¿Tan malo es el presente? Cada día entiendo menos.


lunes, 26 de septiembre de 2011

Soy nihilista, sí, pero solo de paso

Mi escepticismo y desilusión es tan grande y general que me hace preguntarme si soy nihilista. Ante esto me vienen dos cuestiones a la cabeza que podrían entenderse como casos extremos, la primera, es el típico "triunfito actual", carne de consultora, quien, con esa irreal y ridícula filosofía de pensamiento positivo, trata de ganar las más etiquetas sociales posibles. La segunda, la persona que, no aceptando su realidad ni sus sentimientos, se pone a despotricar contra todo y se cruza de brazos diciendo que nada tiene sentido. No me identifico con ninguna. La primera sencillamente ya no me cuela, la segunda, la que podría corresponderse con el nihilista, si bien me podría parecer más honesta (o no), podría ser el siguiente paso al desengaño de la idea de éxito (o no), no me parece ni mucho menos la respuesta definitiva. No, claro que no.

Seamos sinceros, más que la vida sea una mierda habría que decir que nuestra propia vida es una mierda. Ojo, esta no sustituye a lo primero, más bien le cambia el acento y se lo pone a algo más sincero. Lo que nos molesta no es tanto que la vida, así en general (ale, alegría, todo pal saco) ,no tenga sentido sino que la nuestra no lo tenga. 

Yo soy un nihilista, sí, pero solo de paso. No es que me parezca todo un sin sentido sin remedio, aunque, para ser sinceros, lo pienso a menudo, lo que pienso es que mi vida ahora es un sin sentido, pero puede dejar  de serlo. Vamos, eso espero. También depende de lo que uno entienda por una vida con sentido, que aquí nos dan ya todo empaquetado, hasta eso. ¡Y menudo paquete! Madre mía, para eso no nos deis nada.

Hay que ser claros, ¡estamos jodidos!, ¡nos la han colado! ¿Qué sentido tiene el decir, así en general, que la vida no tiene sentido? ¿Acaso lo que nos han vendido o nuestras propias torpezas (generalmente lo primero) abarca todo el sentido de la existencia? Qué sí, que estamos flotando sin rumbo por el universo, está claro, pero eso no quita que uno pueda hacer algo digno de su atormentada existencia.

Mi vida es una mierda, sí pero ¿es la vida una mierda? A mí me da la impresión de que hay por ahí algo escondido que aún se puede rascar. Yo, con vuestro permiso, voy a echar un ojo por ahí, no vaya ser que encuentre algo.

El dejar de decir las cosas y la vergüenza de mi mismo

Uno de mis defectos que he pagado muy caro ha sido el no decir las cosas claras a la gente para no herirlas, el dejar pasar las cosas para no ofender. En realidad creo que esto lo llevé más lejos, no solo he dejado de decir lo que pienso por no herir sino que he dejado de hacer.

El dejar de decir las cosas por no herir me hizo ir acumulando vergüenza, esa vergüenza que nace cuando volvemos la cara a la verdad. Y esto es paradójico pues si lo hacía por no hacer daño, ¿como es posible que me sienta avergonzado?

¿Por qué no decimos las cosas claras a la gente? Es algo que no comprendo, no le veo la utilidad. No se, quizás soy un ingenuo. Si alguien me da una respuesta, esta será bien venida. A mi me resultaría dificil exagerar lo que he pagado esa culpa por no decir las cosas como son. Ahora que pienso, ya no se trata tanto de decir o no decir, se tarta de sentir. Uno termina sintiendo que la verdad es mentira y la mentira verdad.

Hubo una época en mi vida en que decía lo que pensaba sin ninguna culpa, recuerdo que la gente incluso se impresionaba a veces. En general, la respuesta a mi sinceridad era muy buena, esto lo achaco al hecho de que la dijese sin culpa, sin segundas intenciones. Sencillamente me salía así, me parecía lo más normal. Lo cierto es que uno puede ser muy sincero en lo que dice pero no en como lo dice y el cómo puede ser incluso más importante que el qué. Esa época, que comenzaría a los once o doce años, no sabría decir con exactitud, se terminó a los dieciséis años influida por unos miedos terribles que se me echaron encima,  miedos que me hicieron sentir las más humillantes vergüenzas y que hasta día de hoy ensombrecieron mi vida. Ese es otro capítulo del que habría que hablar aparte.

A veces pienso que una de las razones de que me da tanta rabia el sentirme culpable y no expresar las cosas tan cual las siento se debe a haber probado esa miel de la "expresión sin culpa". Quizás por eso se me hace tan insoportable, tan estúpido e innecesario.

Harto de vivir con miedo

Hace un rato me ha entrado un ataque de rabia y, cuando me pasa eso, solo pienso en una cosa, irme de aquí, irme a vivir a Inglaterra de una vez. Me frustro porque me veo encerrado en un esquema de ideas que me hace sentir como una mierda, esas bombas de pensamientos condenatorios,"¡tienes que trabajar ya!", "¿Pero qué mierdas haces con tu vida?", "bueno es que tú, ya sabes que...". Es un vivir asustado continuamente, vivir bajo amenazas. Mi vida desde hace mucho tiempo no es libre, nada libre, es un vivir bajo una moral que no entiendo y que no es la mía. ¡Y mira que me esfuerzo por ser objetivo, pensar de forma crítica!, pero nada, la moral se me echa encima. Es lo que yo llamo la moral externa interiorizada, ese conjunto de ideas que se te han impuesto (no han nacido de tu juicio ni de tu experiencia) y que las has interiorizado, las has hecho tuyas y las tomas como verdad. Esto evidentemente lo reconozco más en un plano intelectual, no de una forma total (si no estaría libre de ello), no siento que esos códigos morales que han impuesto sean falsos aun cuando ninguna evidencia me hace aceptarlos. Es una cuestión emocional, por así decirlo, es un miedo, una presión.

El dilema que tengo, y que vengo teniendo desde hace tiempo, es ¿rompo con todo y me voy? Esto se traduce en coger mis pocos ahorros que tengo e irme a Londres, y que sea lo que tenga que ser. Podría entenderse como un empezar de cero, pero tampoco me gusta ir con una idea programada. Tener la vida programada es justo lo que no quiero en este momento. Lo que necesito es libertad, decidir por mi mismo sin sentir vergüenza ni remordimientos, sin esa sensación de que le debo explicaciones a mi familia o mis amigos (o ex-amigos, ya no se como llamarlos) Lo cierto es que me parece algo sensato, además ya he roto con muchas de las cosas con las que no estaba a gusto, o eso creo, sin  embargo me entra un miedo terrible, pienso, o esa moral externa interiorizada piensa por mí, "¿como te vas a ir por ahí solo? ¿estás loco? No osarás a hacer eso..." y me echo para atrás. 

La cuestión es que desde hace un tiempo, en particular desde que rompí con mis amistades y deje un trabajo que tenía (que era lo que yo consideraba me hacía "ser normal"), me propuse seguir la filosofía de "no hacer nada que no veas claro". He hecho tantas tonterías en mi vida que me parecía una filosofía oportuna, además, estando ahora solo quizás debiese ser más responsable. Estaba harto de todo y decidí tomarme un tiempo para mí, esto fue hace un año y medio o así. pero claro, tampoco hago nada y me agobio, y no sé si es que me siento presionado o es que realmente tengo ganas de hacer cosas.

Supongo que este periodo ha sido de reflexión, de un no estar haciendo nada en particular, de no estar en ningún proyecto, al menos no en uno externo. Sí, estaba harto, todo era un absurdo y necesitaba parar, hasta ahí todo bien, no me arrepiento para nada de las decisiones que tomé, pero ahora no sé hacía donde moverme, me veo atrapado en una nada que deja atrás su pasado pero no se atreve a empezar algo nuevo. He salido de un vagón de tren y estoy bloqueado en ese espacio que lo separa del siguiente vagón, sin poder entrar en él.

Me da rabia porque me veo limitado por esa moral de la que he hablado, pero muy limitado. Yo, aunque esto pueda parecer paradójico, soy una persona que confía mucho en mi misma, que me veo capaz de hacer las cosas decente y dignamente, sin embargo, esta moral me destruye, me llena de vergüenza y de remordimientos, me tiene aquí atado de pies y manos. 

Claro, y mi duda es ¿me voy y ya está o espero a calmarme y a ver las cosas claras? La primera podría ser una locura o una liberación, la segunda podría ser un acto de sensatez, aunque también de alargamiento de una agonía. Siguiendo mi filosofía de "no hacer nada que no veas claro" me estoy quedando quieto, pero no se si eso es un acto de responsabilidad que nace de la parte serena de mí o es esa moral que me mete miedo y me está haciendo pudrirme. ¿Me voy y que las cosas salgan como tengan que salir o espero a serenarme y, una vez viendo todo en su sitio, ya decidir?

Es posible que todo estas dudas estén provocadas por esa presión de que "hay que hacer algo", que nos hace actuar por presión y no porque, desde nuestro propio juicio y experiencia, lo consideramos apropiado. En ese sentido habría que dejar pasar esa presión y no hacer nada, pero ¿y si esa rabia es un deseo real de salir de aquí y hacer cosas? Mi duda es ¿actuar o aguantar?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Expresión, ¡qué noche!, ¡qué tensión!

¡Exprésate! ¿Cómo puede ser la expresión una orden? Uno ni siquiera puede tratar él mismo de expresarse libremente, pues, si lo intenta, ya no es una libre expresión, ya hay una moral por medio. Cuando a uno le cuentan un chiste y se ríe no piensa "voy a reírme" (bueno, en realidad, a veces es necesario, que mal ejemplo).

Madre mía qué noche, qué tensión, ¡cuanta energía tengo! Sí, tal vez eso sea lo que pasa, que no he quemado lo que tenía que quemar. (Tranquilos, estoy bien, bueno no mucho, pero ya me entendéis).

No sé si mucha gente pensará "qué de energía negativa desprende este chico", y sí, tal vez sea cierto, pero ¿No será mejor desprenderse de ella? Últimamente estoy pensando que si uno siente ganas de hacer alguna cosa pero no la hace por miedo a que sea una estupidez, está cometiendo un error. Y no porque no sea una estupidez, de hecho seguramente lo sea, sino porque, si no la hace, no sé dará cuenta de ella y la arrastrará consigo.