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lunes, 10 de junio de 2013

La necesidad de cinismo

Tengo que aprender a ser más cínico. Me siento culpable por todo el sin sentido que veo en el mundo y eso no es justo ni productivo. ¡Cómo si fuese culpa mía que la gente no entendiese nada! Realmente me siento culpable... culpable por mis sentimientos de desagrado ante lo que veo. No puedo observar como una persona hace estupideces sin sentirme culpable por los sentimientos que eso me provoca. Y eso es una rueda pues, al no sentir tu desagrado tranquilamente, se genera un resentimiento, se genera la frustración de no permitirte sentir como realmente te sientes al ver las cosas. 

Me siento culpable por no ser de una forma que, por otro lado, no es sana para mí. Me siento culpable por querer lo que me hace bien en vez de querer evasión, que es lo que exteriormente se demanda. 

Y soy muy ingenuo; todavía sigo creyendo que lo que veo en el día a día tiene sentido y que no es solo un chiste de mal gusto. Sigo creyendo que mi desagrado y mi incomprensión son algo malo en mí y que lo externo no es un problema. Pienso "bueno, el mundo esta como está y lo único que puedes hacer es lidiar con ello de la mejor forma posible". Obviamente lo único que uno puede hacer es reconocer las cosas como son y lidiar con ellas lo mejor posible pero ¡pongo el problema en mí mismo! No me permito sentir mi desagrado tranquilamente y eso es lo único que me puede ubicar psicológicamente. 

Y no es que intelectualmente no vea que las cosas están mal; es una cuestión más emocional. Me cuesta aceptar lo que es evidente. Y aquí creo que entra en juego la vergüenza ajena o, dicho de otra manera, la culpa por destapar a los demás. Lo que me frena es el reparo a despertar a la gente de su letargo, soy incapaz de gritar ¡¿qué mierdas hacéis con vuestras vidas?! Me da vergüenza decir eso y me callo. Quizás sea miedo a una respuesta violenta... Me pregunto si desde pequeños no se nos enseña a temer la libre expresión. Me pregunto si desde pequeño, por miedo a perder el necesario cuidado de  nuestros padres, no empezamos a temer el destapar esas insuficiencias suyas que, por otro lado, nos resultan tan evidentes.

La sensación general es de que hay algo muy elemental que está mal y no se nos está permitido decir nada al respecto. No se nos permite quejarnos, pues ese silencio ante una evidente miseria, es lo que mantiene la maquina rodando. Dada esa prohibición, ¿no es el cinismo la solución a esta culpa?, ¿no es una forma de aceptar tus sentimientos sin darse cabezazos contra la pared esperando la comprensión de los demás?

jueves, 23 de mayo de 2013

La imposibilidad de morir

¡Olvidarse de todo! No hacer nada, descansar. ¿Qué sentido tiene hacer algo cuando ninguna de tus acciones nace de una motivación adecuada?

¿De dónde viene el ansia de reconocimiento? Me siento vacío.

Todo nace de las prisas, del creer que hay una insuficiencia en ti; todo nace del miedo al no ser. ¿Cómo se puede vivir así dignamente?

¿Por qué dar explicaciones? ¿Por qué justificarse? Solo tengo una necesidad: morir y renacer. Pero el mundo me atrapa en sus rutinas, me atrapa una moral externa que me impide mi espacio. Siento vergüenza por querer ese espacio.  Nada tiene sentido si no surge de ese espacio interior; parte de  una mala motivación y lo contamina todo. ¿Qué se puede esperar de algo que nace del miedo y las prisas?

¿Cuál es la causa de mi sufrimiento? ¿Es verme bombardeado día y noche por una presión a adaptarme ajena a mis necesidades? ¿La incapacidad de vivir a mi manera y expresarme sin tapujos? ¿Es sencillamente mi incapacidad de sentir mis sentimientos reprimidos? Siento una brecha enorme entre mis sentimientos, entre mi realidad personal, y mi forma de vivir. No puedo ser yo mismo en la relación con los demás; me siento presionado, pienso que sería una indecencia mostrarme tal como soy. Me siento culpable por vivir de la manera que necesito vivir; ese es el drama. ¡¿De dónde viene esa culpa?! 

No me siento a gusto con la gente... y es por ese "tener que hacer algo", por ese tener que ser de tal manera. Siento una enorme presión a justificarme por mi modo de vivir. Las relaciones se transforman muchas veces en simple e incómodo dar explicaciones. Un puto protocolo. De ninguna manera me relaciono de una manera que considere productiva. Tengo una aversión tremenda a eso; nada me puede sentar peor que dar explicaciones, ¡ excusarme por algo que necesito, que es bueno para mí!

Me siento culpable por no tener amigos, eso me genera una tendencia relacionarme a la desesperada, algo incompatible con el desarrollo de relaciones sanas . Me siento culpable  por no estar "creciendo" en el mundo laboral, por no identificarme con el trabajo. Culpable por no querer hablar con mi familia.

Es la presión social contra tu espacio interior. Siento una presión enorme a ser alguien que no soy, una enorme presión a sentirme avergonzado por el mero hecho de ser. Haz esto, haz lo otro,...todo el puto día así ¡Qué me da igual eso, qué no me interesa! Es más, me parece corrupto e innecesario. 

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Eterno retorno?

Tengo la sensación de que nada de lo que hago y por lo que me esfuerzo es nuevo, como si la metas a las que aspiro, los problemas a los que me enfrento y las situaciones por las que paso ya hubiesen sucedido antes. Es una sensación extraña.

Tal vez en un tiempo atrás hubiese conseguido algo, después hubiese caído y ahora estuviese escalando para llegar al punto en el que me encontraba antes. Sí uno ha bajado a las profundidades y luego consigue subir de nuevo puede parecer que ha conseguido un gran logro, y sin duda eso es mejor que quedarse en el abismo, pero mi sensación es de solamente volver a la normalidad. 

La sensación es que mi vida se mueve en amplios círculos de varios años de duración, me parece que la segunda mitad de mi vida es en esencia igual que la primera; ambas empiezan con los mismos miedos y se enfrentan a los mismos obstáculos para llegar a un estado de... ¿neutralidad emocional? A los dieciséis años se apoderaron de mí unos miedos terribles que parecieron haberme llevado al principio de nuevo y, durante los quince años siguientes, he vivido lo que ahora me está pareciendo una copia de la primera mitad de mi vida.

Pese a que mis esfuerzos personales en estos últimos años los he visto como un tratar de recuperar algo que había perdido también tenía la idea de estar creando algo nuevo, sin embargo hoy tengo la sensación de que realmente es lo mismo. Por un lado eso me desilusiona pensar que no estoy consiguiendo nada que no haya conseguido antes pero, al mismo tiempo, es algo que tiene mucho sentido. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Documental de Cioran


No puedo dejar de recomendar este documental de Cioran, ¡qué estilo!, ¡qué clase!
 
 

 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Las fechorías del valor y del miedo (E.M. Cioran)

Tener miedo es pensar continuamente en sí mismo y no poder imaginar un curso objetivo de las cosas. La sensación de lo terrible, la sensación de que todo ocurre contra uno, supone un mundo concebido sin peligros indiferentes. El miedoso -víctima de una subjetividad exagerada- se cree, en mayor medida que el resto de los humanos, el blanco de acontecimientos hostiles. En este error se aproxima al valiente, que en las antípodas no vislumbra por todas partes más que invulnerabilidad. Los dos han alcanzado el punto álgido de una conciencia infatuada de sí misma: contra el uno,todo conspira; para el otro, todo es favorable. (El valeroso no es sino un fanfarrón que abraza la amenaza, que huye hacia el peligro.) El uno se instala negativamente en el centro del mundo, el otro positivamente; pero su ilusión es la misma, pues su conocimiento tiene un punto de partida idéntico: el precio claro con respecto a las cosas, lo refieren todo a ellos, están demasiado agitados (y todo el mal en el mundo viene de un exceso de agitación, de las ficciones dinámicas de la bravura y la cobardía). Así, esos ejemplares antinómicos y parejos son los agentes de todos los disturbios, los perturbadores de la marcha del tiempo; colorean afectivamente el menor esbozo de suceso y proyectan sus designios enfebrecidos sobre un universo que -a menos de un abandono a tranquilos ascos- es degradante e intolerable. Valor y miedo, dos polos de una misma enfermedad consistente en conceder abusivamente un significado y una gravedad a la vida... Es la falta de amargura perezosa la que hace de los hombres bestias sectarias: los crímenes más matizados tanto como los más groseros son perpetrados por los que se toman las cosas en serio. Sólo el dilettante no tiene gusto por la sangre, sólo él no es criminal...

E.M. Cioran

martes, 27 de septiembre de 2011

¿Filosofía? Vale, pero no en plan cultureta

Me interesa la filosofía, pero no en plan cultureta. Me interesa en el sentido práctico de utilizarla para vivir mejor, de saber como actuar. Es cierto que ciertas conversaciones filosóficas pueden ser fascinantes en si mismas, como cuando a un grupo de amigos les surge espontáneamente a altas horas de la noche una charla sobre el universo y el sentido de la existencia pero, aún así, considero que, si es algo importante, tiene que tener alguna implicación en nuestras vidas.

En realidad, me interesa más filosofar que leer filosofía, lo considero más natural, más productivo y más respetuoso con nuestra  propia capacidad de análisis, aunque mi percepción es que hoy en día  abunda más lo segundo. Me niego a coger un libro de filosofía que trate de algún tema que  no me interesa realmente o que, interesándome, no haya pensado yo por mi mismo antes sobre ello. Pienso que se debe leer a los filósofos para consultar o para contrastar la opinión propia con que dicen "los grandes" (y de paso ver si son tan grandes), no como un sustituto del análisis propio. Me niego a dar más autoridad a un filósofo que a mi pensamiento propio, por muy Platón o Aristóteles que sea.  

Me resulta horroroso el hecho de hablar sobre cuestiones existenciales estando totalmente desconectado de ellas, hacerlo solo como una etiqueta social más. Odio esas batallas gafapásticas de a ver quien sabe más, quien a leído más o quien saca la cita filosófica más apropiada para el momento. Si el hablar de cosas que no le importan a uno es, de por si, irritante y poco fecundo, más aún lo es hacerlo con cuestiones existenciales.



lunes, 26 de septiembre de 2011

Soy nihilista, sí, pero solo de paso

Mi escepticismo y desilusión es tan grande y general que me hace preguntarme si soy nihilista. Ante esto me vienen dos cuestiones a la cabeza que podrían entenderse como casos extremos, la primera, es el típico "triunfito actual", carne de consultora, quien, con esa irreal y ridícula filosofía de pensamiento positivo, trata de ganar las más etiquetas sociales posibles. La segunda, la persona que, no aceptando su realidad ni sus sentimientos, se pone a despotricar contra todo y se cruza de brazos diciendo que nada tiene sentido. No me identifico con ninguna. La primera sencillamente ya no me cuela, la segunda, la que podría corresponderse con el nihilista, si bien me podría parecer más honesta (o no), podría ser el siguiente paso al desengaño de la idea de éxito (o no), no me parece ni mucho menos la respuesta definitiva. No, claro que no.

Seamos sinceros, más que la vida sea una mierda habría que decir que nuestra propia vida es una mierda. Ojo, esta no sustituye a lo primero, más bien le cambia el acento y se lo pone a algo más sincero. Lo que nos molesta no es tanto que la vida, así en general (ale, alegría, todo pal saco) ,no tenga sentido sino que la nuestra no lo tenga. 

Yo soy un nihilista, sí, pero solo de paso. No es que me parezca todo un sin sentido sin remedio, aunque, para ser sinceros, lo pienso a menudo, lo que pienso es que mi vida ahora es un sin sentido, pero puede dejar  de serlo. Vamos, eso espero. También depende de lo que uno entienda por una vida con sentido, que aquí nos dan ya todo empaquetado, hasta eso. ¡Y menudo paquete! Madre mía, para eso no nos deis nada.

Hay que ser claros, ¡estamos jodidos!, ¡nos la han colado! ¿Qué sentido tiene el decir, así en general, que la vida no tiene sentido? ¿Acaso lo que nos han vendido o nuestras propias torpezas (generalmente lo primero) abarca todo el sentido de la existencia? Qué sí, que estamos flotando sin rumbo por el universo, está claro, pero eso no quita que uno pueda hacer algo digno de su atormentada existencia.

Mi vida es una mierda, sí pero ¿es la vida una mierda? A mí me da la impresión de que hay por ahí algo escondido que aún se puede rascar. Yo, con vuestro permiso, voy a echar un ojo por ahí, no vaya ser que encuentre algo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Formas de expresión, adulación y subjetividad

Hay dos formas de expresarse; una, sacando lo que uno siente, y otra, sacando lo que piensa debe sentir. La primera es libre, es manera sana y la subjetiva, aunque también en el extremo la que puede llevar a la (¿sana?) locura (¿Cómo puede ser la más sana y peligrosa al mismo tiempo?). La segunda no es genuina, es impuesta por una moral externa, en realidad no expresamos sino lo que se nos ha impuesto que expresemos. Eso genera culpa y nos aleja de nosotros mismos, ¿Cómo podría ser de otra manera tras esa caída en los deseos ajenos? Si una persona sin necesidades económicas dice “dios mío, no tengo trabajo, que desastre”, en realidad no se siente mal por no tener trabajo, ese no es un deseo genuino no satisfecho, no, es un deseo impuesto no satisfecho. ¿Sigue siendo un deseo válido?

¡Rechazar un reconocido puesto de trabajo como escritor! ¿Qué significaría eso? Sé que detrás de ese asunto hay, de una u otra forma, algo importante. ¿Acaso no nos tientan con reconocimientos sociales? ¿Son venenosos estos por si mismos? ¿Qué se puede hacer con la adulación? Sería estúpido dejar de hacer algo que uno quiere solo por el hecho de que vayan a adularle pero también lo sería hacerlo  solo por ese motivo. La adulación es una trampa que nos empuja a hacer las cosas como los otros quieren. La pregunta esencial sería ¿quieres escribir? Y esta debe ser también planteada de forma genuina, no bajo presión.

¿Hay que pararse a pensar en si lo que uno escribe es correcto? ¿Y si no se aspira a más que a una forma de expresión? ¿Cómo iba a ser incorrecto? No puede serlo si no se aspira a la objetivación, si solo aspira a la expresión. Uno puede decir tonterías y estupideces sin control pero, si no se aspira a ser preciso, ni siquiera a ser correcto, sino solo a la pura y subjetiva expresión, será un trabajo bien hecho. ¡No se puede mezclar la expresión con la objetividad! La expresión es subjetiva por naturaleza, en el momento de su realización no puede ser objetivada, pues eso la eliminaría.

sábado, 27 de agosto de 2011

Prefiero obedecer órdenes externas que las mías propias

Detesto la autoimposición de una tarea. Casi prefiero obedecer órdenes externas que las mías propias, pues así, si lo que hago es una estupidez, no lo hago porque yo quiero. No tengo esa responsabilidad, nada peor que cargar con algo que ni querías hacer. En realidad, las órdenes, sean externas o internas, son ordenes, no son genuinas, no nacen de nuestro deseo o entendimiento, pero, las que interiorizamos (aquellas que no sabemos que nos han sido impuestas), no son solo órdenes sino que pensamos que no lo son, pensamos que son correctas, que "son lo que son" o, peor aún, no pensamos nada. En realidad, todas las órdenes son externas, en el sentido que no son decisiones propias, pero estas pueden interiorizarse o no. 

jueves, 2 de junio de 2011

¿Sufrir por sufrir?

A veces pienso que existe cierta apología al sufrimiento, como si sufrir fuese algo bueno y estar a gusto y relajado algo indecente. Ahora mismo, desde un punto de vista de etiquetas sociales (trabajo, vida social, amor, familia,...), que no necesariamente desde mi punto de vista, las cosas no me van bien, y siento una extraña presión hacia el sufrimiento y la auto-tortura emocional. Algo en mi cabeza me dice "no deberías estar a gusto con el panorama que tienes", me obliga a "ponerme en vereda y ser un hombre decente", sin embargo, todas esas presiones me parecen de lo más improductivo, no las entiendo.

 Presión por trabajar (aunque no te urja, tengas ahorros y nadie a tu cargo), por tener vida social (aunque estés en un momento en el que, después de haber arrastrado largo tiempo relaciones absurdas, prefiero estar más bien tranquilo), por tener novia (¿desde cuándo la presión por encontrar a alguien ha ayudado en el amor?),...Quieren que me sienta mal por no tener todo eso, la verdad es que es una cuestión que no se como enfocar, tampoco me siento tan mal. O sí, pero es más bien por esas presiones. Menuda paradoja.



jueves, 14 de abril de 2011

Moralidad ¿ Causa de todos los males?

¿No es la moralidad la causa de todos los males? ¿No surgen todas las malas acciones de ese estado en el que uno se siente frustrado o alienado? ¿Y no nos frustramos cuando dejamos de expresar las cosas tal como las sentimos y, por lo tanto, dejamos de vivir libremente, por sentirnos culpables por ello? ¿Y qué sino la moralidad es capaz de hacernos sentir esa culpa por el sencillo hecho de sentir?

Me refiero a la moralidad exterior, aquella que interiorizamos sin que realmente la comprendamos, sin que surja de nosotros mismos y que nos hace incapaces de expresarnos con naturalidad y sin culpa. No me refiero a esa moral que surge de uno mismo al comprender que cosas llevan a un buen resultado y cuales no.

Estoy hoy pensando en ello y me parece obvio que la moralidad es la causa primera de todos los males, es lo que nos corrompe, lo que nos dice "así no puedes ser, eso está mal". Puede incluso que determinada acción  que nos impongan sea beneficiosa en si misma pero, aún así, el  imperativo moral, por su propia naturaleza,  me parece psicológicamente insano, nos impide desarrollar nuestra propia capacidad de dirigir nuestra vida, de comprender por uno mismo que se debe y que no se debe hacer. La moralidad me parece particularmente peligrosa en el campo de los sentimientos. No se le puede decir a nadie que debe sentir (el sentimiento surge, no tiene ningún sentido condenarlo), eso empuja a dejar de hacer las cosas como uno quiere, como uno las haría si no le presionasen, y eso crea frustración. Y la frustración, ya se sabe.

Y creo que podemos interiorizar tanto la moral que ni siquiera la cuestionemos, lo que hace que, a la hora de buscar la causa de los males que ocurren en el mundo, busquemos en cualquier otro lado y pongamos el dedo en cosas que poco o nada tienen que ver. Por ejemplo, cuando un chico coge una pistola y se pone a disparar a diestro y siniestro en su colegio, no se suele decir que la moralidad ha frustrado al chico, quien, en un ataque de desesperación ha perdido el control, se dice más frecuentemente cosas como que tenía una enfermedad mental. Pero, ¿qué sino un ataque de rabia y desesperación, por estar sometido a una situación indignante y sin sentido, puede llevar a un chico joven de un país desarrollado a cometer tales actos? Aún aceptando que tuviese una enfermedad mental (aunque es una cuestión muy ambigua y cuestionable, no hay hechos científicos claros sobre que es una enfermedad mental y la manera de abordarla), eso no quita que esta fuese creada por una moralidad que impide al chico vivir libremente, sin frustración ni culpabilidad.  Cuando veo un caso como el de Columbine lo primero que pienso es "¿cuánto ha tenido que aguantar para llegar a eso?".

Últimamente he estado pensando en ello y, en cierta manera, lo he sentido como una revelación,  algo que  de repente me parece muy evidente.