lunes, 24 de septiembre de 2012

Finge tu culpa

¡Hacer las cosas sin que las motive una presión externa! Eso produce la sensación de no hacer nada. No hay esfuerzo ni compromiso, no hay derrota ni victoria. Es otra forma de existir. Es paradójico, la forma más productiva de hacer las cosas es aquella en la que uno tiene la sensación de no estar haciendo nada.

Pero hacer las cosas así esta mal visto; la gente quiere que sufras, que te esfuerces. La gente quiere que te sientas culpable. No les gusta ver una persona que fluye por la vida sin una moral que lo torture. Es la dictadura de la culpa; dictadura innecesaria y demoledora.

Si no te sientes culpable ¡fíngelo!, de otro modo irán a por ti. Finge que te sientes culpable por estar solo, aunque desees la soledad. Finge que estás desesperado por no encontrar trabajo, aunque sepas que necesitas tiempo para ti. Si eres pobre finge que tu situación te vergüenza, aunque tengas todo lo necesario para vivir dignamente y consumir más te parezca innecesario e incluso grotesco. Finge que tienes un trastorno mental por no encajar en sociedad, de lo contrario se lo tomarán como un ataque y actuarán en consecuencia.

El mundo espera tu mentira, no le defraudes.

sábado, 25 de agosto de 2012

Documental de Cioran


No puedo dejar de recomendar este documental de Cioran, ¡qué estilo!, ¡qué clase!
 
 

 

De las moscas del Mercado (Nietzsche)

¡Huye, amiga mía, a tu soledad! Ensordecida te veo por el ruido de la gente grande, y acribillada por los aguijones de la pequeña.

El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silenciosos y atento pende sobre el mar.


Donde la soledad acaba, allí comienza el mercado; donde el mercado comienza, allí comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas.


A causa de esas gentes súbitas, vuelve a tu seguridad: sólo en el mercado le asaltan a una con un “¿sí o no?”.


Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad.


Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos.


Tú no eres una piedra, pero has sido ya excavada por muchas gotas. Acabarás por resquebrajarte y por romperte en pedazos bajo tantas gotas.


Fatigada te veo por moscas venenosas, llena de sangrientos rasguños te veo en cien sitios; y tu orgullo no quiere ni siquiera encolerizarse.


Demasiado orgullosa me pareces para matar a esos golosos. ¡Pero procura que no se convierta en tu fatalidad el soportar su venenosa injusticia!


Ellos reflexionan mucho sobre ti con su alma estrecha: ¡para ellos eres siempre preocupante! Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante.


Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad tus fallos.

Como tú eres suave y se sentir justo, dices: “No tienen ellos la culpa de su mezquina existencia”. Mas su estrecha alma piensa: “Culpable es toda gran existencia”.


Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan tus bondades con daños encubiertos.


Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza.


Huye, amiga mía, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu destino el ser espantamoscas.


Así habló Zaratustra.

                                                                               Friedrich Nietzsche

¿Leer por leer?

¡Cuántas veces habremos oído que leer es bueno! Desde pequeños se nos mete en la cabeza que hay que leer y nos meten unos tostones en el colegio que no sabemos ni por donde coger. A mí me costaba muchísimo leerlos. No me interesaban. Si podía me veía la película. Era algo forzado que me producía un tedio enorme. Todo el rato mirando cuantas páginas quedaban.

 Ni siquiera se hace énfasis en qué leer, solo en leer. Según ese principio, es lo mismo leer un libro del charlatán Deepak Chopra que un libro decente (que cada cual decida que es decente para él). ¿Qué mierda es esa?, ¿leer por leer? Hasta el metro está lleno de carteles que incitan a la lectura por la lectura.

Tampoco se hace ningún énfasis en nuestras necesidades e inclinaciones de cada momento, y a mí me parece claro que hay momentos en los que una lectura puede ser útil y momentos en los que no venga a cuento. Y hay momentos en los que leer no es apropiado. Un niño está lleno de curiosidad pero, en vez de dejar rienda suelta a esa motivación, potencialmente muy productiva, le bloqueamos diciéndole que se casque El Quijote. Sí el niño dejase a un lado la autoridad y pudiese expresarse correctamente diría "pero, ¡¿qué mierdas hago yo leyéndome este libro?! Yo quiero salir a darme una vuelta con la bici y llamar a Jose a ver si quiere salir". Y no es que ese sacrificio involuntario vaya a tener unos frutos de los que el niño no es consciente en ese momento, no, lo que va a pasar es que ese libro se le va a olvidar, que esa lectura va a ser un mal trago innecesario que no solo no le va a aportar nada sino que va a matar su espíritu haciéndole creer que esa lectura era más necesaria que sus motivaciones genuinas. El Quijote podrá ser un buen libro pero así no se hacen las cosas, no sé puede enchufar a la fuerza ese libraco a un niño de once años.

Yo no me acuerdo nada de lo que leí en el colegio. ¡Cuánto tiempo desperdiciado! No se aprende nada y nos hace rechazar un posible deseo genuino por la lectura.  Leer por leer y leer a la fuerza. Lo siento, pero no lo entiendo. Pienso que hoy en día mucha gente no lee porque se les ha enseñado a odiar la lectura y, muchos de los que leen, lo hacen por presión social y se cascan libros-masa como El código Da Vinci.

La lectura tiene que nacer de una motivación genuina. Te interesa algún tema y lees sobre eso. Punto. Te gusta el estilo literario de un autor y lo lees. Punto. ¿Qué es eso de que hay que leer?

Por otro lado, a mí, por ejemplo, me gusta ver documentales. Me parece un formato muy interesante y atractivo para aprender. Me enchufo seguidos la serie de trece documentales de "América. La historia de EEUU" y me quedo bien a gusto. Me los veo durante toda la noche tirado en mi cama. Ocio extremo. Y luego pienso: "Hostia, claro, los cabrones esclavizaron a los negros para enriquecerse , "el descubrimiento del petroleo hace más cien años explica muchas cuestiones actuales", "joder, qué corta y rápida es la historia de EEUU y cuánto ha afectado al mundo",...  Y después, si me apetece, cojo papel y lápiz y me hago un esquema aclarar más las cosas. El  formato documental esta infravalorado. ¿Por qué no se fomenta el documental? 

Y no hay por qué estar todo el rato leyendo, se puede pensar por uno mismo. Es mucho más sano llegar a una conclusión por uno mismo que leerla. Si leemos y no pensamos por nosotros mismos la lectura es la que acaba pensando por nosotros.

jueves, 23 de agosto de 2012

No entiendo nada

¿Qué sentido puede tener una relación, del tipo que sea, si entre ellos no se ayudan en sus cuestiones más importantes? Si dos personas son familia o se dicen ser amigos pero no son aliados en lo que para cada uno de ellos es importante ¿qué sentido tiene eso? ¿No está eso en la esencia de toda relación sana? ¿Para qué sirven las apariencias? ¿Por qué no tenemos relaciones sanas? ¿De qué tenemos tanto miedo? ¿Por qué las relaciones estériles son la norma? No entiendo por qué la gente se embarca ilusionada en una carrera profesional que no le interesa. No entiendo por qué la gente se casa sin estar enamorado. No entiendo por qué la gente se casa. No entiendo nada.  
A mí no me motiva nada de lo que el mundo me ofrece o, mejor dicho, de lo que me presiona a hacer. Salgo de casa y no entiendo nada, todo me parece una broma de mal gusto. Si de repente se bajase un telón gigante y me dijesen que todo había sido un montaje tal vez todo encajaría. “¡Cabrones, me la habéis jugado bien!”, les diría. Ojalá cayese ese telón.
No veo nada ahí fuera que me haga simpatizar con la vida, ni un solo gesto de complicidad. Miro a la gente y no me inspira nada y, sin embargo, me veo obligado a entrar en el juego. No puedo ser sincero. Como diría Cioran, es una parodia del infierno. No solo es horroroso sino que es estúpido e innecesario. Podríamos llevar una vida medianamente decente, pero no, tenemos que hacer el mendrugo. 
Solo escribir mi desencanto me parece que pueda tener algo de sentido, sin embargo, me avergüenzo de escribir. No ante mí pero sí ante los demás.  Más que de escribir, me avergüenzo de lo que escribo. Me avergüenzo de lo único que tiene sentido para mí. ¿Se puede vivir así? Si alguien me pregunta que voy a hacer mañana no me sale decir tranquilamente “me voy a quedar escribiendo”. En vez de eso, bajo la cabeza y digo algo como “no…, bueno, me quedaré en casa tranquilamente, es que ahora estoy en plan tranqui, sin salir mucho…”  Y es que, escribir y ser sincero no mola nada, no es nada cool. Lo que sí es enrrollado es salir a tomar cervezas e ir a la playita en verano. Joé, eso sí que mola.  Y, si no te notas a gusto con eso,  ¡tranquilo, no pasa nada, que esto es tope guay, es lo que se lleva!
A veces, para huir de esa vergüenza,  pienso en escribir algo más ligero, algo más aceptable y menos comprometido, pero, si lo hiciese, escribir perdería todo su sentido. ¿Para qué mierdas iba a escribir algo que no siento y que sé que es banal?
No entiendo nada.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Días soleados, ánimos sombríos

No me gustan los días soleados, no se corresponden con mi realidad. Odio un día de sol en el parque rodeado de padres sonrientes que usan a sus niños como mascotas y de grupos de jóvenes que lo único que hacen es hacer fotos y decir "Jo tío, que buen día hace". Todos están obsesionados con el sol, no comprendo que ven de bonito en ello. Como si el sol les fuese a traer buen ánimo... Para mí no es en absoluto así, a mí el sol y las caras sonrientes en el parque solo me hacen sentir extraño, solo me desconectan de mi mismo. Yo prefiero un día sombrío, prefiero los atardeceres. Prefiero estar solo en mi cuarto. Más aún, prefiero la noche con su silencio. ¡Estar jodidamente solo en tu cuarto a medianoche escuchando aullidos de lobos! Eso encaja más con mi realidad. Nada peor para el ánimo sombrío que un día soleado.

viernes, 27 de abril de 2012

Interesarse por nuestras miserias

Somos un torbellino de emociones. Hasta la persona con la vida más rutinaria podría sentir en profundidad si realmente expresase esa misma rutina de su día a día. Sus emociones no han desaparecido, están latentes. Las emociones, hasta que no son sentidas y agotadas, nunca desaparecen. Lo interesante de una vida tremendamente aburrida y banal es precisamente eso, lo aburrida que es. Y es interesante porque eso es lo que es y no otra cosa. ¿Qué otra cosa le puede interesar al aburrido que su propio aburrimiento?, ¿qué otra cosa le puede interesar a el atormentado que su propio tormento? No te puede interesar más que aquello que vives, pues no hay más. Hay que interesarse por nuestras miserias, mirarlas con curiosidad y asombro. Sentirlas y pensar "¡por dios, qué mísero soy!". ¿Qué podemos hacer si no vomitar nuestras verdades y quedarnos atónitos ante ellas? Expresar y objetivar todo hasta que se convierta en algo interesante. Interesarnos por nosotros mismos. En ese aspecto, no existe una vida carente de sentido. La existencia más absurda comienza a ser interesante cuando uno se hace consciente de su propio absurdo y se interesa por él. Expresar y objetivar lo que nos ocurre en cada momento, sin dejarnos nada. Es un continuo, nunca se llega a ningún lado en el sentido de una meta premeditada, sin embargo, vamos comprendiendo deshaciendo nuestras angustias. Movilizamos emociones, fluimos. No se llega a ningún lado ( porque tampoco hay sitio a donde llegar) pero hacemos lo único que podría tener sentido: Interesarnos por lo que somos dejando así de ser presa de la inconsciencia y de nuestros propios bloqueos emocionales. Nos interesan nuestros miedos y angustias. Nos interesan nuestros complejos. Por mero interés nos atrevemos incluso a mirar cosas de nosotros mismos nos aterran.